Pollos y cucarachas

A la señora Pilar Nores habría que ponerla en un altar. Es una mujer educada, estoica, crecida para el castigo, demócrata y honorable.

Por Diario La Primera | 24 set 2008 |    

El hecho de que sea argentina debería tomarse como un accidente superable y a sus reconocidas virtudes habría que añadir el hecho de que la fortaleza de sus sentimientos maritales supera a las piedras de Machu Picchu y al adobe de Chan Chan.

En estos días, sin embargo, la señora Nores de García ha considerado indispensable salir en defensa de su esposo y, como es lógico, ha tenido que recurrir a apelaciones balsámicas y a argumentos de acróbata.

En resumen, la señora Nores ha dicho que la culpa de la popularidad de su ilustre cónyuge la tiene el precio del pollo. Que es como decir que el desastre de Bush se debe a los caseros morosos que no le pagaron a tiempo a los bancos.

No, señora Nores. La culpa del 19 % de aceptación nacional de su marido la tienen, además del pollo, el gavilán pollero que está en Salud, el cerdo que convenció al doctor García de que la solución era competir con Uribe para el puesto de porrista de Bush, la urraca esa que se lleva las cosas en el MEF, el búfalo que miente en el Congreso, la cucaracha de Vivienda, las marabuntas de las Ugeles, el chacal de Essalud, la zorra del ministerio que usted sabe, las lagartijas de Indecopi, los gusanos de Forsur, las ladillas de Canal 7, el pato del IPD y la araña peluda que ha tejido su casa en las ruinas ideológicas y populares del Apra.

Porque el Apra es como la casa de los Usher y García es un enterrado en vida. Y de resultas de esa decadencia funeraria es que lo que hoy pulula en Palacio no es el Apra del Cachorro Seoane, ni el Apra de Townsend, ni el Apra de Villanueva sino esa Apra de Prialé que se rindió ante Julio de la Piedra y que pasó de Arévalo a Ravínez, esa Apra que Belaunde derrotó, Doris Gibson zahirió y Juan Gonzalo Rose despreció asqueado.

Ese 19 por ciento no pasa por el pollo sino por las perceptivas aves carroñeras que vuelan por encima de García. Y porque el Apra ha sido, por fin, lo que los coqueros que rodearon a Carlos Langberg soñaron: una frivolidad con discursos, un servicio completo a la riquería, un modo de ganarse la vida.

El Apra es cada vez más nuestro PRI, nuestro laboralismo sin obreros, nuestro socialismo a lo González (con González hablando y Solchaga vendiendo España por pulgada cuadrada). Y siendo todo eso, y habiendo traicionado hasta a la traición, tampoco es que pueda aspirar a ser favorita de las encuestas.

Así que, señora Nores: haría usted bien en no comprarse líos que, en el fondo, le son ajenos. Y haría mucho mejor si se dedicara a sus tareas de buena samaritana sin tratar de explicarle a la gente, con la simplonería de una cuculí, que lo de su marido es por el pollo.

Y si alguna vez se dudó qué era primero: el huevo o la gallina...pues ahora ya nadie duda de que, en el caso del Apra pradista de hoy, primero fue la gallina turuleca. La gallina turuleca y desnaturalizada que se olvidó de los huevos.


    César Hildebrandt

    César Hildebrandt

    Opinión

    Columnista