¿Podrá Obama con su discurso?

Retomemos algunas ideas del discurso de Obama en la toma de posesión de la Presidencia de los Estados Unidos de América. Hizo un diagnóstico sincero y admitió que la nación norteamericana está en guerra, su economía gravemente debilitada por la codicia, que el sistema de salud es caro, que las escuelas fallan y que el uso de la energía refuerza a los adversarios de la nación y amenaza al planeta. También reconoció la pérdida de confianza de la comunidad internacional en su país. Y sólo podemos darle la razón.

Por Diario La Primera | 22 ene 2009 |    

Pero cuando quiere que su país desempeñe un papel en la nueva era de paz, por ser "guardián de este patrimonio", nos hace suponer que acepta someterlo a un tratamiento severo contra la adicción al petróleo de Medio Oriente, y nos deja creer que ha entendido que la paz también es para el resto del mundo.

Fue enfático cuando dijo que rechaza como falsa la elección entre la seguridad de su pueblo y sus ideales. "Debemos garantizar el imperio de la ley y los derechos humanos, no renunciaremos a esos ideales por conveniencia". Sólo podemos alegrarnos que los Estados Unidos se retiren de Irak, tras una sangrienta ocupación armada de cerca de 20 años, pero ¿cuál es el mérito de dejar el país destruido, desarticulado y en agonía?

Se comprometió con los pueblos más pobres a colaborar y llamó a los países ricos, como el suyo, a renunciar "a la indiferencia ante el sufrimiento fuera de nuestras fronteras… Porque el mundo ha cambiado, y nosotros tenemos que cambiar con él". Quisiéramos creer que la llegada de Estados Unidos a otro país no signifique más la muerte de miles de inocentes, la injusticia, el irrespeto a creencias diferentes, porque el mundo ha cambiado, así como lo dice él, y la penúltima generación no ha visto reflejados en la acción de esta nación los ideales que quiere recuperar el Presidente Obama.

Por último, Presidente Obama, no diga más América cuando quiere decir Estados Unidos de América. A los países de América, no nos gusta que nos asimile a su país como si fuéramos un estado más de su bandera.


    Carlos Urrutia

    Carlos Urrutia

    Opinión

    Columnista