Pobre cándido

El cándido no se da cuenta de por qué lo ha sido.

Esta revocatoria fue una apuesta de tahúres que rápido midieron lo que arriesgaban, escondieron la cara y mandaron a un mercachifle fanfarrón al frente a ver que pasa.

| 26 mayo 2012 12:05 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.6k Lecturas
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Poco a poco se fueron desentendiendo mientras el farsante hacía declaraciones cada vez más fantásticas, como si las bajas de Villarán fueran masivas corrientes hacia los revocadores concretos que nadie veía por ninguna parte pero que decían estar reuniendo millones de adherentes.

Todo fue una farsa. Pero hubo uno que se la creyó y comprometió a un diario en la farsa.

Siempre creyendo imitar a la izquierda para el fin opuesto, el cándido imaginó que estaba ante gente que buscaba en serio revocar a la alcaldesa y el doble perdedor de 2010 (con Kouri y Lourdes), creyó llegada la hora de sacarse el clavo. Claro si Villarán andaba por 15% de aprobación, parecía fácil.

Pobre, porque le ha ido peor que todas las elecciones anteriores. Y lo más patético, por cierto, ha sido el intento de la última semana de decir que no había que contar, sino muestrear, creyendo que Marco Tulio realmente todavía tenía un millón de firmas en sus oficinas para que si le daban opción ganar de galope el derecho a la revocatoria.

Francamente qué idiota.

No se dio cuenta que Marco Vago lo estaba usando para dar una justificación al fiasco de las firmas trampeadas echando la culpa a la falta de muestreo o a la inmortalidad del mosquito. No se dio cuenta que nunca existió una fuerza organizada comprometida con la revocatoria y siguió al payaso hasta la entrevista en televisión del último domingo que quedará como prueba de la candidez del que se creía el más sapo.

Eso nada tiene que ver con que me deforme el nombre, ya no tome té con Ollanta o no tenga el cargo público que nunca pedí y me haya distanciado desde la campaña y las diversas hojas de ruta. Que diga cualquier cosa de mí, no va a cambiar el papelón.

Porque si fuera cierto lo que aún dicen las encuestas: que hay un 60% por la revocatoria, es más ridículo que no hayan podido captar a menos del 10% de los electores limeños.

Perdonen, pero yo ya no veo al combativo, al m-Aldito, al insultador profesional, al periodista de M, sino a un cándido que no vio con quién se había metido.

Y sobre su discusión sobre estadísticas elementales, le recordaré que él mismo me llamó experto durante el debate de las cifras de la CVR. Entonces mis observaciones le servían aunque no coincidiera en nada más conmigo. Pero diré algo más. Insisto que cuando la ley dice que se debe obtener una cifra, no una tendencia, ni un porcentaje, es obligatorio contar.

Las elecciones no se hacen por muestreo. Por más que las primeras encuestas nos digan cual será la tendencia principal. Aquí el muestreo sobre el paquete que se discutía hasta los últimos días, hubiera dicho que el margen de Marco Tulio era de cuatro firmas válidas por cada diez. Pero eso hubiera sido mucho más vulnerable que confirmar que solo 196,249 firmas quedaban en carrera después de la revisión.

Ahora con la entrega postrera de 222 mil firmas, el papelón está consumado ya que siguiendo la tendencia a lo sumo podrá llegar a un total de poco menos de 300 mil (es probable que sea mucho menos). Entonces no habrá revocatoria, sin trampa estadística. Y el que pagará la cuenta será el cándido, no el malandrín.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista