Plan Marshall a la peruana

La mejora de las condiciones en la infraestructura nacional respecto de la situación heredada del primer gobierno de García es significativa. A esta contribuyó el esfuerzo del sector privado y público. Sin embargo, salvo honrosas excepciones, se ha realizado bajo una visión de corto alcance, sin considerar las necesidades del país de aquí a 20, 30 o 40 años por delante. Los ejemplos, para explicar esta realidad son diversos. La mayor parte de la carretera Panamericana es de apenas un carril de ida y vuelta. La Carretera Central sigue con el mismo trazo propio de inicios del siglo XX. La red ferroviaria tiene una menor longitud a la de hace un siglo. El Ferrocarril Central, ahora concesionado a privados, no puede desarrollar el proyecto de un túnel que reduciría significativamente los tiempos de transporte. Las IIRSA son útiles para los tráficos al interior del país e interfronterizos, pero no los interoceánicos, para las cuales fueron creadas, entre otros ejemplos.

Por Diario La Primera | 28 set 2012 |    

Hay que reconocer que esta infraestructura es útil para las urgencias del corto plazo. Sin embargo, a la larga termina siendo más costosa ya que se tiene que remodelar y ampliar de manera continua. Frente a esta realidad, nuestro país tiene ahora los recursos para acometer en serio su gran transformación. Nuestros estimados someros son que se podría disponer de US$ 100,000 millones de aquí a diez años para dar un vuelco al país. Las fuentes de financiamiento para engrosar este Fondo serían una aportación anual del gobierno central equivalente a entre 2% y 3% del PBI, un mayor endeudamiento público externo del 30% al 45% del PBI, por debajo de los estándares internacionales y la utilización triangulada de parte de nuestras reservas internacionales excedentes por US$ 20,000 millones y que crecerían a lo largo del tiempo.

Este Fondo permitiría desarrollar los grandes proyectos, ahora no soñados, con visión de largo plazo para integrar efectivamente nuestros diferentes pisos ecológicos, generando sinergias entre el sector público y el privado. No se tendría que crear una nueva estructura institucional, ya que esta se podría establecer a partir de COFIDE, marginal para este gobierno. Para trabajar con una estructura burocrática simple habría que pensar en la formación de redes a través de convenios interinstitucionales y de diversos comités de gestión: planeamiento, evaluación de proyectos, inversiones, maximización de impactos internos, desarrollo sostenible y de control y auditoría.

Para convertir en realidad este proyecto hay que superar la estrecha visión de los neoliberales que nos gobiernan. Ellos saben cómo lograr grandes superávits fiscales y administrar nuestras reservas internacionales con poco provecho para el país, olvidándose del objetivo central del Estado. En cambio, al igual que los grandes países, se trata de mirar alto y lejos, manteniendo los balances macroeconómicos. Hoy tenemos la oportunidad para hacerlo, no la desaprovechemos.


    Germán Alarco Tosoni

    Germán Alarco Tosoni

    Opinión

    Profesor Universidad del Pacífico