Pioneritos

El viernes, cuando la pólvora de Celendín aún no se había despejado y los dolores de Marco Arana por la gratuita paliza que el gobierno ordenó propinarle a la policía estaban seguramente en su punto más agudo, nos enteramos que la noticia ya no era Conga, sino el VRAE.

| 10 julio 2012 12:07 AM | Columnistas y Colaboradores | 2.2k Lecturas
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El presidente había amanecido en la base Sinchi de Mazamari, acompañado por su esposa, para presentarnos el fruto de cinco meses de trabajo de inteligencia en la zona del Mantaro, distrito de San Martín de Pangoa, provincia de Satipo. Casi como que nos estaban diciendo que mientras nosotros estábamos ocupados de Kepashiato, Espinar o Cajamarca, nuestras fuerzas del orden, silenciosamente dirigidas por el presidente Humala, habían preparado la captura de algunos cuadros senderistas en la selva y, lo más importante, el rescate de 11 pioneritos o niños soldados que se encontraban en un campamento de adoctrinamiento en la naciente del río Tincabeni.

Por supuesto la foto del día fue la del presidente bajando del avión con un niño en brazos y doña Nadine siguiéndolo con otro, que podrían hacer imaginar que tentarían la adopción de los pequeños en las siguientes semanas. Pero lo principal fueron las declaraciones: se habían recuperado niños secuestrados a sus familias, que estaban siendo preparados para la guerra. Pero Jaime Antezana, que de estas cosas sabe bastante, lo corrigió de inmediato. No, presidente, no son niños arrebatados, sino hijos de los propios senderistas, que también procrean y conviven con sus descendientes, a diferencia de los 80-90, cuando los combatientes abandonaban a los suyos en manos de su parentela. Por tanto, técnicamente hablando, el Estado había “secuestrado” a esta población infantil quitándolos a sus familias reales, por una razón de guerra, que es lo que hace al general Guivovich decir que nos hemos evitado 11 futuros guerrilleros.

Claro, hay otra dimensión en este problema que es la infancia cortada de estos chicos y su permanente exposición al riesgo. Ahí la pregunta es ésta: ¿existe una justificación del Estado para intervenir y salvar a los hijos de sus padres? ¿Cuál es la implicancia de un principio de este tipo? Porque niños en peligro y en abandono material y moral hay por todas partes, y las respuestas del poder público son muchas veces inexistentes. Los 11 pioneritos que cantan himnos senderistas y a los que la ministra Jara quiere hacerles corear la canción de los pollitos, son un tema nuevo para el Estado que los sacó de la selva: ¿qué harán ahora?, ¿los desadoctrinarán?, ¿los tratarán como huérfanos?, ¿serán adoptables?, ¿son reclamables?

Hay una tercera dimensión en la noticia y es esa lógica de presidente que busca éxitos, sobredimensionados por los medios, para no contaminarse con los temas a los que no les encuentra salida. A eso le llamaban sicosociales en los 90, y el mayor experto en estas lides está actualmente recluido en la Base Naval del Callao, cerca de otro Humala que nunca debió llegar allá. Eso de enterarnos que el monseñor Cabrejos hará la facilitación del caso Conga, viajando a Cajamarca a pedido del gobierno, en medio de la conferencia de prensa en Mazamari con el tema de los pioneritos, es extremadamente chocante. Es como decir que encauzar un conflicto de diez meses, es un colateral del éxito de las fuerzas armadas y policiales en la selva. Y para que no quepan dudas, parece que Valdés se queda. O sea el presidente concede pero no retrocede. Así que nada que festejar.

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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

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