Petronila debo confesarte algo

Ahora que estamos tranquilos, sin discutir, me gustaría decirte algo que me da vueltas en la cabeza hace mucho; pero promete, por favor, que no te enojarás. Quiero contarte porque te amo con todas las fuerzas de mi vida —le dijo Petrolina a su novio una mañana de sábado calurosa.

| 22 setiembre 2012 12:09 AM | Columnistas y Colaboradores | 684 Lecturas
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—Está bien, no me enojaré —contestó Edilberto.

—¿Recuerdas al chico que me saludó en el centro comercial cuando fuimos a comprar tu camisa azul?

—Sí.

—No es mi amigo. Es el tipo que me abandonó después de cinco de años de amores. No te lo dije esa vez porque tenía miedo de que lo golpearas.

—Lo sospeché porque te pusiste muy mal al verlo. El amor es así, Petronila, pero ahora estás conmigo. Ay, amor, ahora que me has contado algo, creo que yo debo confesarte que… ¿Recuerdas a la chica que te miró con una cara de poto en el chifa hace como cuatro meses?

—Claro, y tú dijiste que no la conocías, que quién será esa loca.

—En realidad, sí conozco a la loca. Es la mujer que estuvo conmigo dos años antes de que te conociera. Tuve que acabar con ella, porque me enteré que estaba casada y que tenía una hijita a quien descuidaba por mí.

—Ay, Edilberto, ahora que hablas de bodas ocultas, me gustaría confesarte un secreto.

—¿No me digas que estás casada?

—Claro que no. Lo que pasa es que descubrí que tú sí estás casado.

Edilberto se quedó callado largo rato en la cama mirando al techo. “Petronila te lo iba a decir; pero no me pareció importante, porque, cuando cumplí 19 años, me obligaron a casarme porque la madre de mi enamorada de aquel tiempo creyó que había embarazado a su hija. No era cierto, pero me casaron en una boda comunitaria hace como 15 años. Ay, amor, sospecho algo y me gustaría hacerte una pregunta.

—¿Qué pregunta?

—¿Ese niño de 10 años que visitamos en su colegio es tu hijo verdad?

—Sí, es mi hijo. No te lo dije, porque un día dijiste que no te gustan los niños.

—Ay, Petronila. Yo también te oculté a mi hija. Ella tiene 11años y estudia en el mismo colegio, en el mismo salón que tu hijo. Por eso, me enteré que quien decías que era tu ahijado en realidad era tu hijo.

—No sigas, Edilberto. Ya está bueno hoy para tantas confesiones. El amor no soporta tantas verdades en una sola mañana.

—Es verdad, Petronila. Algo debe tener el amor que nos hace ocultar algunas verdades.

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