Pesadilla

Ana María Ramírez se despertó con los gritos desesperados de su hermano Sandro y fue corriendo al cuarto de éste. Lo encontró sentado al pie de la cama, abrazando sus rodillas, totalmente empapado de sudor.

Por Diario La Primera | 08 jun 2012 |    

“¿Qué pasó? ¿Por qué gritabas?”. “Otra vez, mientras dormía, una sombra negra quiso ahogarme con la almohada”. “¿Qué dices? ¿Qué sombra?”. “Ya te dije, una sombra, la misma sombra de la vez pasada, me ahorcó con fuerza con la intención de matarme”. “Fue una pesadilla, Sandro”. “No sé, pero me pareció tan real”.

Ana María Ramírez creía que su hermano tenía problemas psicológicos, porque una tarde él entró a su cuatro y empezó a gritar como loco diciendo que alguien había puesto de cabeza la imagen de Cristo de la pared. Se calmó cuando su papá dijo: “Ya, cálmate, yo volteé la imagen. Tranquilo, pensé que no iba a afectarte tanto”.

Ana María y Sandro viven con su padre en la casa inmensa que no es la misma desde que murió la madre de una manera extraña.

Ana María Ramírez casi no habla con su padre, porque siempre se ha portado mal con ella, hasta la calló de una bofetada cuando le exigía que pusiera mayor énfasis en investigar por qué había muerto su madre.

Ahora no sabe qué hacer porque su padre cada día está más extraño, tanto que en sus ojos pareciera que viviese un odio maldito.

Sandro gritó anoche de nuevo. Ella fue a verlo a su cuarto y éste le dijo: “Pude tocarlo, pude tocarlo”. “¿De qué hablas? No digas tonterías. Lo que tienes son pesadillas. Tienes que tranquilizarte”.

No eran pesadillas. El padre no estaba en su cuarto. Buscaron con cuidado todos los rincones de la habitación. En la funda de la almohada encontraron una tela negra con dos huecos para los ojos y unos guantes también negros; y en el ropero, dos enormes cuchillos y una blusa ensangrentada de su madre y hasta el cierre de este relato los dos chicos no sabían si quedarse en casa o escapar del padre.
Referencia
Pesadilla

    El Escorpión

    El Escorpión

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