Peruanicemos el Perú

Cuando Zavalita se preguntaba: ¿Cuándo se jodió el Perú?, quizá nunca se habría imaginado al país que hoy nos toca vivir: fragmentado, atrozmente racista y con una alarmante ausencia de liderazgos.

| 20 setiembre 2009 12:09 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.8k Lecturas
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Pocas elites en el mundo pueden exponer tanta vergüenza como nuestros criollos dirigentes de ayer y hoy, que entregaron Leticia a Colombia, Arica e Iquique a los chilenos, y Tiwinza a los ecuatorianos. No fue el pueblo el que entregó territorios peruanos, sino las dirigencias pusilánimes y carentes de emoción social y del más elemental sentido de pertenencia.

El pueblo peruano fue capaz hasta 1532 de forjar una civilización perfectamente organizada con tecnología propia y producción autosostenida.

El invasor español se encargó de destruirlo todo a sangre, fuego, violaciones y genocidio, pero no nos pulverizó como cultura. Resistieron, resistimos.

Micaela Bastidas es un símbolo de resistencia y patriotismo por su indescriptible valor y dignidad. Nacida en Abancay, a mucha honra, Micaela es la primera mártir de las grandes luchas por nuestra independencia. Su sacrificio y martirio que nos legó aquel 18 de mayo de 1871 está presente en la gran capacidad de lucha y firmeza de la mujer peruana para sobreponerse a las adversidades.

Paradigmas de la época prehispánica abundan, como las virtudes de trabajo colectivo de esos antiguos peruanos, como el Ayllu, el Ayni, la grandeza de la arquitectura –Machu Picchu, maravilla de la Humanidad-, el dominio magistral de las tierras no agrícolas y el avanzado conocimiento de la hidráulica para el riego. Hay, entonces, mucho de qué enorgullecernos.

Todavía vivimos las secuelas de las guerras perdidas, sobre todo la del Pacífico, en la que los expansionistas chilenos encontraron una sociedad dividida y con una casta dirigencial alienada y moralmente pobre.

Nos enorgullecen los gestos heroicos y gloriosos de nuestros antepasados. Sin embargo, la República no ha solucionado, en 178 años de vigencia, la situación de los pueblos del Perú.

Pero todo está cambiando para bien. La buena noticia es que estudios sociológicos y sondeos reflejan que los peruanos no toleran que se siga rematando el país, por lo que rechazan la entrega de los aires, los puertos y los bosques, exigen respeto a nuestra soberanía y negociaciones inteligentes con el gran capital que prioricen el beneficio del país, como lo hacen países hermanos.

Ha llegado la hora de peruanizar la conducción de nuestro país en todas sus esferas, de exigir un gobierno que construya un Estado que fomente la dignidad y la solidaridad entre los peruanos, un Estado digno de nuestros gloriosos ancestros, plenamente soberano y justo.


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