Peruanerías, la TBC y las ratas

El doctor Alberto Quimper paticojo, con un ponchito y guardaespaldas, llegó a la Feria del Libro Ricardo Palma de Miraflores en busca de sabiduría libresca. Pendejo, El procesado por el caso ‘Petroaudios’, no saludó a nadie y compró dos libros: “La descendencia de Huayna Cápac” de Ella Dumbar Temple y “La Constitución Inicial del Perú ante el Derecho Internacional”, de Víctor Andrés Belaunde. Culto y de la elite este Quimper, había salido de la cárcel el pasado sábado 27 de octubre y ya se daba la parte. Era el día de la Canción Criolla y de Halloween –vaya suerte la nuestra--, estábamos presentando el libro de Lorenzo Helguero, los niños disfrazados de zombis y fantasmas ingresaban al auditorio, y el inefable doctor Quimper, desapareció con alma que se lleva el diablo.

| 04 noviembre 2012 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 2k Lecturas
Peruanerías, la TBC y las ratas
CRÓNICA
2037

Son los peores días de la democracia. Demasiada democracia. En el escenario los temas impuestos por la agenda de Magaly Medina: el indulto a Fujimori y la revocatoria a Susana Villarán. Además, los temas de Los Chistosos: La Parada, el Caso Fefer y el Caso Ciro. Bien, ya pasaron las horas de la familia Humala, el programa El valor de la verdad y la huelga de médicos y profesores. ¿Y Conga? ¿Y el Vraem? ¿Y los López Paredes? ¿Y Villa Stein? ¿Y los transportistas? Ahí están, gozan de buena salud.

Vamos por partes, Fujimori. El ex presidente y jefe de la banda de ladrones más tenebrosa que saqueó las cuentas del tesoro público por más de dos mil millones de dólares pedía indulto humanitario a través de sus hijos. Alberto Fujimori condenado a 25 años por asesinatos y secuestros a peruanos inocentes pedía al presidente Humala que lo saque de la cárcel porque estaba enfermo. Cierto y la tercera parte de los peruanos estaba de acuerdo. Es ese tercio que gozó de privilegios cuando él estaba en el poder y era amo y señor. Y todo gracias a ese valor de “peruanidad” que a decir del certero Hildebrandt no es más que: “la crueldad en el tumulto, el cinismo como método y, sobre todo, la cobardía elevada a la categoría de función vital”. No pasará, digo yo.

Pasemos. Parte de la denuncia de la Municipalidad de Lima era una paradoja. Para desalojar La Parada había un pretexto y una retórica vacua. No se podía controlar el estado de salud de los comerciantes y cargadores contagiados, en su mayoría, por el virus de la TBC. Además, el manejo de los roedores era prácticamente imposible. ¿Cómo? Entonces se ofendieron “los verdurelistas” y contrataron a 500 vándalos. Tuberculosos y ratas no podían estar en el mismo costal. En realidad, el drama era mayor, el país rebosaba de enfermos y ladrones. Y la cosa reventó la semana pasada como lo presentí hace un par de crónicas.

Esta semana el asesor de la Municipalidad de Lima, Gustavo Guerra García, --quien dice que es un tecno político y que jamás fue “onegeista”-- acusó al ex alcalde Luis Castañeda Lossio de estar detrás de la revocatoria a la alcaldesa Susana Villarán. Se quedó corto el tecno político. Había más gentes e intereses en esta batalla capitalina. ¿La Derecha bruta y achorada? Sí, también. Diarios como El Comercio, también. Los magistrados fujimoristas, también. Los congresistaS sin ideología, también. Los mismos “verduleristas” con la fujimorista Margarita Valladolid, también. Los de la mafia del transporte, también. Los de la elite, también y esto es definitivo.

Jorge Basadre en su La Promesa de la vida peruana y otros ensayos (Lima, Editorial Juan Mejía Baca, 1958), al hacer foco en el tema ¿Por qué se fundó la República? y al tratar el tema del tramado socio político decía que un país no solo es el pueblo, que a ese colectivo había que subrayarle los ciudadanos. Y se es ciudadano por el diseño de un juego entre elegir y dejar gobernar. Es decir, tener la capacidad de escoger dentro de la variedad social a los líderes y sus organizaciones. Basadre suponía que esa “promesa” de Perú moderno tenía que fundarse en una República sólida, articulada, con normas, derechos y con juego democrático. Temo que el maestro fallo en su presagio. El Perú es todo menos un país armónico, al contrario, debe ser el más anémico y “anómico” del planeta.

A propósito, en estos días el Dr. Hugo Neira Samanez ha presentado su libro “¿Qué es la república?”. Neira se fue a radicar a Francia. El Perú lo jodió cuando como Director de la Biblioteca Nacional y por modernizar esta institución, el gobierno del segundo García lo comprometió en medio centenar de juicios administrativos. Hoy Neira reflexiona sobre esta “república” de los mil diablos. Sobre un Estado cavernoso e injusto, sobre la política y su “clase”. (No su clase política, que bien sabemos, no existe). Cojones. Entonces lo que paso en Ilave más lo de Bagua y ahora La Parada, es producto de esa “Promesa” incumplida de Basadre y de este remedo de país que nos ha tocado vivirlo. ‘Anómico’ decía. Sí pues. Dícese de aquella organización civil “sin normas”. Eso, el Perú.

Decía también Peruanerías, quizá parafraseando a Chabuca Granda. Es un neologismo erótico antes que político, al menos tiene gracia. Como estas palabras que me dejó Hugo Neira: Este es un país victimado por Velasco, por Sendero, por García, por Fujimori; todo el mundo se ha equivocado y nos ha agredido. Y por supuesto, Yanacocha, el imperialismo, etcétera. Es cierto, pero no es completamente verdad. La mirada de los peruanos sobre sí mismos más bien es rara. Quien revela esas cosas es Magaly. Las pautas de comportamiento son premodernas, caóticas. No llegamos a la hora, no nos gusta la seriedad, entre ser pendejos y cojudos hace siglos hemos elegido ser pendejos, tenemos la necesidad de la informalidad. Yo haría el elogio del sacolargo: la necesidad de gentes discretas, el tipo con rigor que acepta ser honesto y no robar. Hemos tenido gente así. Belaunde es un ejemplo. La vieja derecha liberal, Bustamante, Jorge Polar, los viejos demócratas cristianos, algunos pradistas. Era gente muy, perdón por la palabra, decente. Y hubo apristas que pasaron por la vida política pobrísimos y decentes”. Cuánta verdad maestro. Ya no es así.


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