Perú en la negociación sin fin

Chile, Bolivia y Perú siguen empujando un histórico desacuerdo surgido de una guerra del siglo XIX. Una paciencia digna de mejor causa.

| 03 setiembre 2009 12:09 AM | Columnistas y Colaboradores | 718 Lecturas
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Bolivia quiere mar, Perú quiere que respeten fielmente los acuerdos de 1929 y Chile quiere seguir tentando la expansión. Entre medio han habido intentos integracionistas con avances importantes como la CAN y también retrocesos y frustraciones como lo que vivimos en el escenario actual.

Perú ha dado un gran paso al recurrir a la Corte Internacional de La Haya para superar el diferendo marítimo con Chile, utilizando para ello un espacio legítimo de reconocimiento internacional al cual La Moneda ha respondido de mala gana, como sintiéndose atrapada por no reconocer que realmente existía un desacuerdo sobre el punto en que había que separar equitativamente el límite entre los dos países.

Evo Morales aprovechó este desencuentro chileno–peruano para acercarse a la presidenta de Chile en busca de alguna formulita para acceder soberanamente al mar. El canciller chileno acaba de sumergir en agua helada esta cálida aspiración boliviana.

El contexto en que se da esta disputa debe tener en cuenta la amplia ventaja económica y militar chilena frente a Perú y Bolivia que reduce la eficacia de los argumentos históricos e integracionistas, pero también la posición favorable a Bolivia en cuanto al entorno político sudamericano donde sus lazos con MERCOSUR, Ecuador y Venezuela son más sólidos y cercanos que los de Alan García, quien sólo, recostado en Uribe, alimenta un aislamiento que ayuda poco a las ambiciones de potencia que aparecen en los discursos presidenciales.

Chile hasta hoy sigue sacando provecho de su victoria de 1879 porque fue el que más invirtió en la gente, en el capital humano, en la creación de riqueza. Bolivia y el Perú, en cambio, desperdiciaron el período de industrialización y desarrollo tecnológico y siguieron hundidos en el rentismo primario exportador.

En este punto, vale prestar una opinión de Gustave Flaubert sobre una ópera de Puccini, los sueños de García tienen de bueno y de nuevo, con la circunstancia que lo bueno no es nuevo y lo nuevo no es bueno.

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Carlos Urrutia

Opinión

Columnista