Perú – Chile: debilidad de cuerdas separadas

La estrategia de negociar con Chile por cuerda separada fue planteada por la administración Toledo y continúa gozosa en la actual gestión, generando inmensos beneficios para Chile ya que su inversión directa en el Perú llega a seis mil millones, en tanto que la peruana apenas a 30 millones de dólares.

Por Diario La Primera | 30 jul 2008 |    

Los beneficios para el Perú son ridículos, ya que si bien la balanza comercial anual es positiva, hay déficit acumulado desde la gestión de Fujimori y además está basada en la exportación de materias primas (molibdeno). Adicionalmente mantienen el control de los servicios de comercio exterior (transporte aéreo y marítimo) y próximamente el control de los puertos. Nuestra inversión en tanto es en restaurantes.

Mantener esta estrategia debilita cualquier poder negociador del Perú para resolver el grave y delicado problema de la delimitación marítima y la denigrante usurpación territorial, en una reiterada actitud de desconocimiento de los tratados.

La figura de la cuerda separada es un mecanismo del derecho procesal que posibilita distinguir la responsabilidad y culpabilidad de algo frente al quantum de la indemnización, sanción o remuneración de determinada obligación; pero no para enfrentar cuestiones internacionales.

El enfoque integral del problema y el diseño de una estrategia negociadora de una sola cuerda o un solo paquete posibilita avizorar acuerdos de mutuo beneficio.

Nuestra última posibilidad de llegar a un acuerdo duradero que zanje una larga historia de desencuentros es plantear intereses de manera conjunta. La economía chilena necesita de un mercado ampliado para reducir costos; su sector minero agoniza por la carencia de recursos energéticos e hídricos. El Perú en tanto desea cerrar una larga relación histórica que empezó con el despojo y que continúa con la usurpación, a bocados, de cuestiones como la propiedad intelectual del pisco, la papa, hasta las frases.

Chile es un país que no conoce, ni admite, las concesiones. Sin embargo en las negociaciones internacionales ellas son fundamentales, para acercar los intereses divergentes. Intercambiándolas, pero no regalándolas.

Si hay el ánimo de cooperación abordemos una sola cuerda pues ella es la que nos puede acercar a la orilla del entendimiento. Si somos capaces de recitar conjuntamente los poemas de Vallejo y de Neruda esforcémonos por llegar a acuerdos mutuamente compartidos.

La historia y la esperanza de un futuro de paz nos obligan a resolver no solo los intereses chilenos sino los nuestros. Una juventud que alcance la madurez sabiendo que sus dirigentes han logrado una relación con nuestros vecinos basada en la equidad y la dignidad será una generación que enfrente la competencia internacional con alta autoestima.


    Aníbal Sierralta Ríos

    Aníbal Sierralta Ríos

    Opinión

    Columnista