Perú, Bolivia y Chile: Dejar las palabras, retomar las agendas

El ruido mediático que provocaron las declaraciones del presidente Alan García sobre una supuesta fórmula secreta de salida al mar por Arica, como era previsible, se ha disipado rápido.

| 07 setiembre 2009 12:09 AM | Columnistas y Colaboradores |1.2k Lecturas
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Al no ser ciertas dejaron de ser noticia. Quedará como un gazapo diplomático que no se debe repetir. Y para ello, el expediente es simple: escuchar institucionalmente a la Cancillería que podrá no aconsejar en ciertas circunstancias un dechado de visiones diplomáticas exitosas, pero nunca por sí misma inducirá a errores de esa dimensión. Al contrario, su consejo y asesoría siempre serán prudentes y dentro de las prácticas diplomáticas más sensatas.

Ahora, lo que corresponde a la administración es hacer un control de daños eficaz para evitar un mayor deterioro de las relaciones con Bolivia y Chile; y, luego, estabilizarlas para facilitar al próximo gobierno una estrategia exitosa de normalización.

La primera fase, el control de daños, tiene que ver con dos líneas de acción: impedir que la “palabra” continúe siendo un agente gratuito de la tensión y la no diplomacia. No más declaraciones infortunadas y cesar de hacer política exterior a través de la prensa. La diplomacia nunca se hace a través de la prensa, aunque la prensa puede ser un instrumento de la política exterior, que es cosa distinta. Ese es el camino para regenerar confianza.

La segunda fase, es la de estabilizar las relaciones y eso sólo se puede hacer sustituyendo la grandilocuencia verbal por la ejecución de las agendas bilaterales sustantivas. Con Chile, hay que dar una respuesta a su propuesta de “relación inteligente”. Ésta, según Santiago, se reduce a la fórmula comercio, inversiones y clima empresarial, el resto se congela. Es decir, una agenda inclusiva de los intereses prioritarios de Santiago y excluyente de temas prioritarios para el Perú. La relación inteligente, que no es mala idea como una opción de real politik, debe conllevar equilibrio en la agenda. Debe negociarse una agenda mínima pero seria, de parte y parte: inversiones y comercio más diálogo en materia de seguridad, ejecución del desminado en la frontera y cuestiones migratorias. Si eso se hace y bien, el juicio en La Haya reposará sobre una relación bilateral por lo menos serena.

Con Bolivia, el asunto es menos ríspido. Existe una agenda de por lo menos quince puntos, que hay que retomar de inmediato, con un trabajo técnico y diplomático que no tiene por qué llenar los titulares de los diarios, pero sí beneficiar mucho a las poblaciones, especialmente: ejecutar el tratado general de integración y cooperación económica y social para la conformación de un mercado común; aplicar con participación de los gobiernos locales el plan de desarrollo de la zona fronteriza; de una vez por todas poner en funcionamiento el Centro Binacional de Atención en Frontera (Cebaf) en el puente internacional fronterizo de Desaguadero; realizar los proyectos de desarrollo sostenible circunlacustre en el ámbito de las competencias de la Autoridad Binacional Autónoma del lago Titicaca, río Desaguadero, lago Poopó, Salar de Coipasa; erradicar el contrabando fronterizo de productos agropecuarios; retomar los proyectos económicos y sociales a favor de las poblaciones migrantes de ambos países; incrementar el uso de los puertos de Matarani e Ilo para el comercio de Bolivia; convocar al mecanismo de consultas político-diplomáticas y al 2 más 2 Perú- Bolivia.

Es el momento de dejar la política a través de los medios y volver a la diplomacia, que el Perú durante muchos años ha sabido hacer. Y bien.

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Manuel Rodríguez Cuadros

Manuel Rodríguez Cuadros

Opinión

Columnista