Peor que el friaje

Un trabajo de investigación realizado por la FA0-Perú y Oxfam Internacional en 101 distritos rurales y 508 comunidades campesinas de Huancavelica, Ayacucho, Apurímac, Cusco, Arequipa y Puno, entre el 24 de julio y el nueve de agosto, advirtió que en estos meses se agudizará el drama socioeconómico de una 120,000 familias ganaderas asentadas por encima de los 3,500 msnm.

Por Diario La Primera | 11 set 2008 |    

Pues como en el primer trimestre del año ahí hubo una semisequía y luego sobrevino el friaje, no hay pastos e —incluso— agua para sostener a los animales, ya harto debilitados por tal carestía en los meses pasados. Adicionalmente, muchas familias perdieron hasta las semillas de los pocos productos agrícolas que cultivan para autoconsumo.

Las patéticas manifestaciones y proyecciones de esta situación no sólo han sido advertidas por el binomio FAO-Oxfam, sino también confirmadas por la revista Agronoticias No. 335 (31 de agosto) y el diario “El Comercio” del nueve último.

Sin embargo, el único que parece no saber nada de ello es el ministro de Agricultura, Ismael Benavides Ferreyros, más preocupado por implementar su desembozada política anticampesina.

El hecho concreto es que los criadores del centro-sur altoandino, donde está el 70% de la ganadería nacional y el mayor bolsón de pobreza rural, se encuentran rematando y sacrificando masivamente a sus animales ante la falta de pastos y agua, con proyecciones sobrias para la economía campesina y la alimentación nacional.

Frente a ello, si el ministro fuese conocedor y sensible, debería impulsar la producción organizada de charqui y chalona con destino a los programas sociales, hospitales, cárceles, cuarteles, etc; mucho más aún considerando que dichos productos pueden atenuar al encarecimiento del pollo y la escasez de pescado, además de asegurarles algún ingreso a los damnificados por el friaje. ¿Lo hará? Casi seguro que no. Pues para Benavides los únicos que cuentan son los grandes inversionistas, las transnacionales que quieren imponernos los transgénicos y sus amigotes que pueden sacar algún provecho de las normas furtivas y los burocráticos programas oficiales maquinados sin participación alguna de las organizaciones de productores agrarios, campesinos y nativos.


    Reynaldo Trinidad Ardiles

    Reynaldo Trinidad Ardiles

    Opinión

    Columnista