Pensamiento y lenguaje

¿Por qué eres tan bruto para hablar? -Pues porque primero hablo y después pienso. Respuesta que daba un buen amigo de mi padre cuando éste lo cuestionaba por las barbaridades que decía. Lo natural es pensar primero, el lenguaje es el pensamiento elaborado en expresión y por lo tanto actuar contra natura muchas veces produce las brutalidades que este buen amigo de mi padre, a quien tuve la suerte de conocer, se encargaba de derramar por doquier.

| 04 diciembre 2011 12:12 AM | Columnistas y Colaboradores | 884 Lecturas
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“Je pense, donc je suis”, pienso luego existo, pienso luego soy, soy porque pienso, planteamiento de René Descartes, filósofo francés, expresión conocida en latín como Cogito ergo sum. En términos filosóficos el orden es pensar primero para comprobar la existencia, el ser. Juguemos entonces con la frase para preguntarnos si los que no piensan o piensan poco es que no existen o existen poco.

Hablamos entre otras razones para demostrar existencia, para que los demás conozcan en qué se ocupa nuestro pensar: inquietudes, preocupaciones, sentimientos, sueños, deseos, etcétera. El lenguaje debiera servirnos para expresar lo más cercanamente el pensar. Sin embargo no siempre es así. Las más de las veces apenas balbuceamos unas cuantas palabras pretendiendo que se acerquen a lo que pensamos para rápidamente comprobar que nuestro pensamiento es más, mucho más de lo que decimos.

Está comprobado que el lenguaje es anterior al pensamiento y también que éste se alimenta, se enriquece con el lenguaje. Somos nuestro lenguaje, nuestra habla. La comunicación es la forma de relacionarse que tienen los comunes, los que habitan en comunidad. Hablar ayudará a desarrollar el pensamiento y por tanto a más lenguaje más pensamiento. Es preocupante comprobar cómo cada vez con más frecuencia nos encontramos frente a individuos que manifiestan no tener o no encontrar las palabras para expresarse, para hablar acerca de lo que quieren.

En este sombrío panorama aparece la escuela como referente principal, no por gusto pasamos al menos diez años en ella. Los que llegan a la universidad y también los que no, revelan ambos, por lo que escuchamos, un lenguaje pobre, sin orden, repetitivo, monosilábico. Esta situación que a todas luces en vez de mejorar se agrava con el tiempo, debiera preocuparnos a todos, no solo a los especialistas en educación que, imagino, deben estar investigando y buscando soluciones. Ojalá que así sea pero mientras tanto ¿qué hacemos los comunes, los no especialistas? ¿Nos quedamos con la boca cerrada?

Es tan preocupante el tema que debiéramos iniciar y sobre todo sostener una cruzada por instalar pequeños espacios donde ejercitar comunicación: la casa, el aula, el centro de trabajo. Quizás basten cada día unos diez minutos bien usados para que en pequeños grupos hablemos lo que pensamos sobre un tema cualquiera y lo hagamos todos los del grupo, sin temores, sin vergüenzas, en libre expresión, pero a diario, sin faltar un solo día. Tratemos de hacerlo al menos un mes seguido para comprobarnos y medir los beneficios por pequeños que sean, pero tratemos. Pensemos cuando lo hagamos que estamos salvando nuestra especie, así de serio es el asunto y si funciona, pues, que pase a formar parte de nosotros, para eso, para ser más nosotros, más comunidad.


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Jaime Lértora

¡Habla Jaime!

Columnista