Pensamiento Crespo

Entre octubre de 1992 y enero de 1993, el abogado Alfredo Crespo pasó de ser el defensor de Abimael Guzmán en el juicio sumario y secreto que se llevó en la base naval de San Lorenzo a incriminado en un nuevo y acelerado proceso en el fuero militar que lo condenó en 24 horas, a cadena perpetua por supuestamente pertenecer a un organismo generado de Sendero Luminoso.

| 04 enero 2013 12:01 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.5k Lecturas
1583

Tiempo después se supo que para acusar a Crespo se habían usado dos agentes de inteligencia infiltrados en su estudio como supuestos estudiantes de derecho, con el encargo de sembrarle pruebas. Quedaba claro que el castigo que se le había impuesto era exactamente por haberse atrevido a representar a Guzmán y ser el único testigo civil libre de su juzgamiento.

Crespo pasó 13 años en prisión a pesar de que su detención violaba el derecho universal a la defensa y del carácter deleznable de las pruebas fraguadas. Pero el Perú que emergió de la guerra interna era así.

Los miedos colectivos se hicieron tan abrumadores que se hizo muy difícil de sustentar la noción del derecho del otro que debemos respetar porque podríamos ser nosotros los afectados más adelante.

Hoy, bajo el gobierno Humala, campeón de los sentidos comunes y de seguir la ruta de la corriente, estamos camino a producir un segundo y descarado abuso de derecho contra el mismo Alfredo Crespo.

Mientras madura la ley del negacionismo, cuestionada nacional e internacionalmente, el ministro Pedraza, del grupo de los siempre listos para lo que les pida el Presidente, ha denunciado al abogado que ahora es vicepresidente del Movadef, por pertenencia a un organismo generado por Sendero Luminoso e inspirado por Guzmán.

Lo más curioso es que la acusación, que dice provenir de una exhaustiva investigación se basa en actos públicos como los documentos presentados por Movadef ante el JNE para su inscripción y las definiciones que el propio Guzmán ha hecho a lo largo de los años para cerrar el capítulo de la guerra.

Así, la reivindicación del pensamiento Gonzalo, independientemente de lo que se pueda pensar sobre este concepto, adquiere la categoría de delito a pesar de que se dice no estar persiguiendo personas por su forma de pensar.

Y planteamientos como el acuerdo de paz de 1994 y la amnistía de 2006, que en su momento señalaron el pase del viejo Sendero insurgente a uno dispuesto a dejar las armas (recordar cómo festejó Fujimori la carta de Guzmán e Iparraguirre), se convierten ahora en supuestas pruebas de que lo que se quiere es reiniciar otra etapa de violencia.

Pedraza, quien es abogado, sabe que está diciendo tonterías, que Crespo ya cumplió una condena más bien injusta, que puede pensar como quiera mientras no haga daño a nadie y que palabras como amnistía, reconciliación u otras no pueden ser usadas para condenar a nadie.

Pero este es el Perú y aquí sí puede ocurrir que un presidente que quiere sintonizar con la presión de medios y sacarse el clavo de la humillación que le impusieron los senderistas independientes del Vraem, y un ministro que no sabe decir que no, terminen encarcelando a alguien para demostrar su gran firmeza.

A Crespo le está tocando por segunda vez ser el protagonista central de los excesos dizque “antiterroristas” del poder. Pero una cosa era 1992 cuando no había contrapesos institucionales ni posibilidades de debate. Hoy es un poco diferente. No mucho, pero algo hemos cambiado.


¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.

En este artículo: | |


...

Raúl Wiener

POLITIKA

Analista