Paternidad irresponsable

Estaba entre los escépticos sobre los resultados de un Congreso itinerante. La razón es que el Congreso no ejecuta acciones, solo los enmarca en una producción legislativa general. Enfocarse en parte del territorio y en una población específica puede llevar a distorsiones. Sin embargo, para bien de los promotores del viaje, los resultados en Ica, a tenor de lo que han informado los medios, son favorables en lo que a la percepción ciudadana se refiere.

| 18 setiembre 2011 12:09 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.9k Lecturas
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La distorsión en el Pleno de Ica fue la creación de la Universidad Tecnológica de Chincha. No se requiere ser adivino para afirmar que este Congreso móvil será calurosamente recibido con similares peticiones en los Departamentos que lo esperan.

Que los chinchanos no se molesten con el que escribe estas líneas. Por cierto, que es justo y racional reclamar la presencia de la actividad universitaria en una localidad, pero tal necesidad no se satisface, ni bien ni pronto, con la creación de una nueva universidad. En realidad se posterga, en especial en nuestro contexto, porque en las ya existentes les falta todo. Me pregunto ¿Qué pensará la comunidad universitaria de la Universidad Nacional San Luis Gonzaga de Ica sobre esta nueva boca en la misma mamadera? Paternidad irresponsable se llama.

El 2005 circuló en el Congreso un proyecto para crear la Universidad de San Juan de Lurigancho en Lima. En ese entonces, como Ministro de Educación, me aboqué a un trabajo de conciliación entre las justas aspiraciones que nutrían el proyecto y la racionalidad de la vida universitaria. Conjuntamente con San Marcos y la Municipalidad quedamos en promover la actividad universitaria de manera inmediata en el Distrito mediante la creación de una sede que albergara una o dos Facultades y un centro preuniversitario, en lugar de propiciar la creación de otra universidad.

Así fue, San Marcos aprobó esta tarea descentralizada, Lurigancho ganó la inmediata presencia de una universidad centenaria -madre de todas las universidades peruanas y una de las mejores de Sudamérica- y el MEF aportó los recursos requeridos. El epílogo de esta historia es absurdo: el Congreso pasado le quitó a San Marcos la sede y creó una nueva universidad que se debate entre ser y parecerlo.

Las Universidades públicas son, por ahora, 52. La experiencia dice que todas sobrevivirán- es políticamente inviable cancelarlas- pero envejecerán mediocres, más como programas sociales de empleo que como casas de estudio. Si ensayamos números no son inviables. Carecemos de los recursos humanos y monetarios suficientes para promover en tantas lo que les debe ser sustancial: formación profesional de calidad e investigación.

Junto con otros colegas hemos venido promoviendo desde hace timpo una Nueva Ley Universitaria que le ponga el cascabel al tigre; hoy temo -ojalá me equivoque- que este quinquenio será otro más, perdido en cuanto a la calidad de nuestras universidades; la composición de la Comisión de Educación del Congreso y el propio Congreso parecen anunciarlo.

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Javier Sota Nadal

Opinión

Arquitecto

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