Para nunca olvidar

Con seguridad, los jóvenes de ahora no tienen conocimiento ni conciencia de lo sucedido durante los tiempos de la guerra interna desatada por el senderismo en nuestro país.

| 18 julio 2011 12:07 AM | Columnistas y Colaboradores | 898 Lecturas
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El enfrentamiento llegó a extremos difíciles de comprender y no pocos se creyeron ajenos a esta tragedia. Y por eso mismo duró mucho y costó tantos muertos y desaparecidos. Estamos convencidos que los pueblos deben mirar los errores del pasado, más aún si se trata de tragedias colectivas, para evitar que se repitan. De ahí, que los terribles sucesos de Accomarca y Tarata, relievados por la actual coyuntura, merecen este breve recuento de lo sucedido.

El caso de la masacre de Accomarca (comunidad campesina de Ayacucho), perpetrada por una patrulla de nuestro Ejército comandada por un joven Alférez de 23 años, Telmo Hurtado Hurtado, y denunciada por algunos sobrevivientes, desnudó ante la opinión pública lo que venía sucediendo en los alejados pueblos del interior del país. El 14 de agosto de 1985, fueron asesinados cruelmente y sin compasión alguna 62 pobladores de la localidad (sospechosos de pertenecer a una “escuela popular” senderista), concentrados en el descampado de Hatumpampa. El Alférez Hurtado dio la orden a los soldados para que dispararan a mansalva contra las rústicas casas donde habían sido previamente encerrados los pobladores y él mismo, después, arrojó una granada para asegurarse que no sobreviviera nadie. Fueron asesinados 26 niños, un adolescente y 35 adultos, entre ellos diez mujeres.

El informe de la comisión investigadora del Senado de entonces, en su informe final, destacaba: “Los autores materiales de los hechos son solo la pieza de un engranaje…” dando a entender que lo sucedido era producto de la aplicación de una repudiable y ocultada estrategia contrasubversiva donde estaban comprometidos los superiores mandos militares de la región. Y que el “exceso” cometido por el alférez Hurtado los podría comprometer. A favor de esta tesis está el hecho que después de tres semanas de ocurrida la matanza, fueron asesinados otros siete pobladores testigos de lo ocurrido. Pero al final la verdad salió a la luz. Aunque la benevolente pena solo castigó a Hurtado, que al final se acogió a la Ley de Amnistía dada en 1995 por el fujimorismo.

El caso del atentado terrorista de la calle Tarata en el distrito de Miraflores de la capital, ocurrido el 16 de julio de 1992, conmovió a la opinión pública nacional e internacional. Las imágenes televisivas de los heridos y familiares de las víctimas mortales, así como la destrucción de los edificios y carros incendiados, recién generó un militante compromiso de los sectores medios de la capital a favor de la pacificación. Fueron muertas 25 personas y se dejaron heridas a otras 155.

Los terroristas de Sendero Luminoso habían empleado 400 kilos de dinamita y Anfo en un coche bomba que debería explotar en una agencia del Banco de Crédito ubicada en la avenida Larco de Miraflores. La presencia de la vigilancia privada del banco desanimó a los terroristas que llevaron el coche bomba a la calle Tarata donde explotó a las 9h y 20m de la noche.

La alcaldía de Miraflores, vía un aval gubernamental, concedió préstamos que después se convirtieron en donaciones a favor de las familias damnificadas. En cambio, los deudos de los muertos en Accomarca quedaron en el abandono.

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Carlos Tapia

Opinión

Columnista