Para malapalabrear rico

Cualquiera puede malapalabrear. Sólo se necesita la foto de Alan mirándote a medio metro.

| 09 febrero 2009 12:02 AM | Columnistas y Colaboradores | 444 Lecturas
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Se medirán las palabras: 1,500 caracteres en Word y si excedes la marca, diez abdominales por sílaba -asegurar la nais sandunguera al costado para el masaje ‘kine’ respectivo-. Poder escribir lo que sientes de manera bella, humorística y reflexiva y olvida, lover boy, el hígado y los forros: sólo importa el “ki” (a lo Gokú). Pueden anotar pero díganme desde ahora malapalabrero senior. Reposa la mente: quietud zen, musa barrunto, spanglish chankatíamartharealacademiaespañola + skate or die; sin contar el twitter de rigor como despertador comunitario con música de los Destellos -vía Heduardo blog ¡rols!-. Bah, olvida la sintaxis y la gramática. Concéntrate en las visiones y figuras. Si quieres símiles utilízalas según la sensación que se quiera causar. Malapalabrear es poema, haiku de concepto, una cosecha. Que madure la columna 5 minutos alejada de la vista (fase: olla arrocera) para recibir más imágenes sin semáforo que las detenga (fase: tráfico de Castañeda). Malapalabrear es bonito. Malapalabrear es un estado de gracia. Malapalabrear es verbo faltoso 3D. Trasciende que los demás periódicos buscan malapalabreros para sus contratapas y me atrae esa idea: el duelo gansta es mi especialidad, bro. Además, “Trabajo para más peruanos” ¡he dicho! Ya quisieran, enemigos, poseer Chichalandia en sus dedos para el flow. Ya quisieran tener al Gato Pop en sus huestes. Yo soy el videojuego “Left 4 Dead”: una cooperación de mis demonios para bajarme a los políticos de siempre; los que nunca son renovados. El objetivo final es saber sus verdades de corrupción. Practica esto todos los días. Es la única forma para atraer el perfecto remate de la columna.

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Luis Torres Montero

Malas palabras

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