Palabras equivocadas

El domingo por la noche la situación no podía ser más ominosa. El diálogo del gobierno con representantes de Cajamarca había culminado sin acuerdo y hacia la medianoche vencería el ultimátum lanzado el último viernes por el gobierno regional y el frente de defensa para que el gobierno declare la inviabilidad del proyecto Conga.

| 06 diciembre 2011 12:12 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.6k Lecturas
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Pero el primer ministro y otros cuatro miembros del gabinete habían llegado a esa ciudad con su propia amenaza: si no se conseguía el levantamiento de la huelga y el restablecimiento del orden para instalar las mesas de diálogo, se declararía el estado de emergencia.

O sea se ingresaba al intercambio del domingo sentados sobre una compleja carga de explosivos. Pero ¿qué podía querer decir el ultimátum regional al gobierno, de los que estaban en huelga y habían aislado a Cajamarca del resto del país durante diez días?

Si se entiende que la huelga es una acción de desgaste que se impone por cansancio de una situación que se iba haciendo insoportable, ¿hasta dónde podían ir después del lunes el gobierno de Gregorio Santos y el frente de Wilfredo Saavedra?

Nadie sabe, porque la verdad ha sido que luego de no firmar el levantamiento de la medida de fuerza, Cajamarca lucía ayer como si la huelga se hubiera terminado.

Conscientes que podían perderlo todo en un choque que los medios tratarían como producto de la intransigencia, los líderes ordenaron repliegue. Entonces: ¿por qué no anticiparon este desarrollo y se apoderaron de los acuerdos parciales del domingo para convertirlos en la victoria que les estaban regalando?

Los dirigentes de Cajamarca se han estado cerrando las vías de la flexibilidad que debe usar todo el que dirige una movilización de masas. Lo hicieron también la noche del martes cuando se conoció el comunicado de Yanacocha suspendiendo el proyecto Conga. En vez de tomarlo como un paso adelante, lo calificaron de maniobra y empujaron a una mayor radicalización que duró dos días.

Pero el gobierno también ha escogido mal sus opciones. Primero fue la declaración Conga va, del presidente Humala, acompañada de “no acepto ultimátums de nadie” que, a su manera, es otro ultimátum.

Al cabo de diez días de convulsión social es evidente que Conga no está yendo y que volverá a ser visto esta vez con la participación de la sociedad cajamarquina y que las intransigencias de un lado o del otro solo conducen a arrepentirse de las propias palabras.

Más peligroso aún es el recurso del estado de emergencia, sobre todo para un gobierno de origen popular que ha repetido hasta el exceso que seguirá la vía del diálogo para enfrentar los conflictos sociales.

Pues bien, si alguien pone una ciudad y una región bajo emergencia es porque va a escalar la represión y va a impedir por la fuerza que los factores de alteración del orden se puedan concentrar y movilizar.

Es decir si a un gobierno en emergencia le paralizan la actividad económica o le bloquean las carreteras, quedaría sin recursos de autoridad. Todo eso invita a que una decisión de este tipo pueda derivar fácilmente en excesos de fuerza.

Es obvio que el gobierno no quiere que lo lleven a un baguazo, pero el riesgo es que otra vez al lado opuesto se entienda que estamos ante una ficción de emergencia, como ya se lee en algunos pronunciamientos.

Así estamos en un absurdo en el que todos pueden terminar perdiendo, cuando había suficiente base de acuerdo para organizar un repliegue ordenado y pasar a discutir sobre Conga. Y, a todo esto, ¿dónde está Yanacocha, responsable de todo este despelote?

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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista