País optimista

Cuando llovieron los artículos indignados por la aparentemente tonta disquisición de un columnista de “El Comercio” acerca del pesimismo de Vallejo y Ribeyro, y su impacto negativo sobre la visión que los peruanos tenemos sobre nuestro país, los opinantes se centraron principalmente en la parte literaria del problema (relación entre creación y realidad) e ironizaron con justicia que el columnista de marras dijera admirar los escritos que criticaba pero al mismo tiempo considerarlo “peligrosos”.

| 27 abril 2012 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.7k Lecturas
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Algunos días después las encuestas nos informan que el Perú se está transformando, digamos que a pesar de Vallejo, Ribeyro, Arguedas, Vargas Llosa, Basadre, Mariátegui, Haya de la Torre y otros, en el país del optimismo radiante para contento del escribidor de “El Comercio” que debe creer que aquellos que creen que van a ganar son los únicos que realmente ganan, en cambio los que critican y buscan culpables están condenados a la derrota. En un mundo en crisis los peruanos nos consideramos inmunes y una mayoría espera mejoras para el próximo año, no importa si el petróleo está subiendo en los mercados, si nuestras exportaciones están saliendo cada vez más lentamente y si hay cada vez más sombras sobre el movimiento del crédito internacional.

Expresión de este estado nuevo del Perú optimista fue la presentación de Alan García con su libro “Contra el temor económico: creer en el Perú” en el programa de Oppenheimer, que terminó apabullada con la intervención de varios especialistas en la CNN. Imaginar que el mundo siempre estará mejor para lanzarse siempre más adelante sin tomar previsiones es un proyecto que puede terminar costando muy caro. Pero peor es hacerlo sobre la previsión de que las economías altamente dependientes del impulso exterior como la peruana siempre van a tener de qué agarrarse en medio de la crisis europea, el estancamiento de los Estados Unidos y la ralentización de los gigantes asiáticos.

No es casualidad que el nuevo optimismo peruano haya sido abollado en la cabeza de García. Después de todo es él quien nos trajo ese tono de competencia futbolística que se expresaba en la gran meta de superar el crecimiento de Chile y que se convirtió en la carrera por conseguir la mayor cantidad de inversiones con las flexibilidades, concesiones y corrupciones que fueran necesarias. Y era precisamente de Chile de donde el hombre del ego colosal había sacado el modelo. En el año 2010, durante un viaje al vecino del sur participé de un evento académico en el que se analizaba por enésima vez lo que allí se reconoce como el Sistema de Expectativas Agregadas (SEA) que significa ponerse metas por delante de lo que el país puede realmente lograr y generar sentimientos colectivos de que ya lo vamos logrando.

Chile ha creído por mucho tiempo que ya estaba llegando al primer mundo, que era la excepción de Suramérica y que mientras más se diferenciaba de sus vecinos más avanzaba. Pero todo se ha derrumbado con el movimiento de las clases medias y populares por la reforma de la educación que ha acorralado a Piñera. Pero nosotros todavía seguimos dominados por la fórmula “sí se puede”, la “marca Perú” para vendernos en el mundo, y la tecnoburocracia que le cuenta a los presidentes que con ellos no nos salimos del crecimiento. El escritor antivallejiano quería hablar de estas cosas, de cómo empezamos a hacer cuentos y poemas que nos hagan creérnoslas, hasta que tengamos que bajarnos de nuestro optimismo.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista