Página libre (sí, uón)

Yo no me muero miedoso. Yo quiero irme con una sonrisa. Hoy día estoy aquí, y en algún otro arrancaré.

| 10 marzo 2009 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 531 Lecturas
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Beso la arena de la playa y su diferencia extrema es la dureza del cemento -cuando uno se parte el mentón-. Igual mojas el aire y la tierra. En este instante, sin ir muy lejos, podemos escribir la última línea –o leerla-. Hoy puede despedirse la enamoradita punk tras subirse a la combi fatal; el familiar irrepetible da un guiño al saborear la última tostada; el columnista joven y querido en su nave espacial se aleja; el redactor agazapado temeroso ante un posible despido malaleche; el silencio de los ‘broad’; el periodista rufián bajo tierra con los honores de sus amiguísimos. Hoy se puede ir todo. Agarra un papel, bro, sácale punta a tu mongol con yilet y hagamos un ejercicio de titulares; los más odiados que no distan mucho de la realidad. Si aburre estar en el cuarto vaya a cualquier pared de la ciudad y escriba algunos –guarda pá la pintura blanca por si el serenazgo te chapa-; por ejemplo: “El Chino tiene los dientes más lindos”; “Keiko come min pao y se pone rosadita cual neón” (a lo Jigglypuff); “Mario Vargas Llosa no simpatiza pues es un blanco ganador”; “Escribí periodismo cual mercenario papagayo”. Esos son mis titulares; mi luto blanco. Soy el Malapalabrero, ahora convertido en el Vieri, el futbolista italiano: la palma de la mano izquierda la pongo en mi oreja como una concha acústica, para escuchar el murmullo de la tribuna en contra, luego de mi ‘gol’. Con la otra mano el índice en la mitad de la boca: Shhhh. P.D.-Sección familiar de la jefa: Feliz día “chinita”, Marujita, surquillana bendita, mi madre, caraicho.

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Luis Torres Montero

Malas palabras

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