Pacificador ensangrentado

O sea, para entender a los dos ministros: el día 3 de junio la sesión del Consejo de Ministros discute la operación de desalojo de lo indígenas awajún y huambisas que bloqueaban la vía en la llamada curva del diablo y al día siguiente la ministra Cabanillas se comunica con el director de la policía que había sido nombrado pocos días antes en el cargo y le pide que implemente el acuerdo del gobierno.

| 28 junio 2009 12:06 AM | Columnistas y Colaboradores | 466 Lecturas
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O sea el general Sánchez Farfán se creía demasiado bueno o era un perfecto opa como para embarcarse en unas cuantas horas en la decisión de enfrentar a alrededor de 4 mil nativos con una tropa que recién iba a reunir, para una operación que se cumplirá al otro lado del país a partir de las 5 de la mañana del día siguiente, sin estudiar los riesgos que estaba asumiendo, y sin informar a su superior que era la ministra Cabanillas. Eso es lo que debemos creer. Pero Cabanillas lo ha mantenido en el puesto y no sólo eso sino que ha ascendido a los oficiales participantes por “acción distinguida”, una distinción de la que ella no quiere hacerse responsable, porque se perdió la vida de 25 policías.

Tampoco Simon tiene responsabilidad alguna. Y con la misma caradura con la que dice que el gobierno no tuvo nada que ver con la entrada de la Sunat en Panamericana, tratando de interponerse a la acción judicial, mientras Del Castillo pretende que la misma fórmula debiera usarse con LA PRIMERA, se resiste a hacer la relación entre su respuesta a la pregunta clave de la interpelación: fue el gobierno el que decidió el desalojo y la matanza derivada de este acuerdo tomado con su participación y por iniciativa del presidente. Que hable de ingenuos levantados porque alguien les contó una mentira, de proyectos políticos antidemocráticos, de promotores de la violencia, no cambia nada, así tuviera un gramo de verdad, que no lo tiene, al dato crucial de que si lo que después hizo en Chanchamayo se hubiera hecho antes del 5 junio, muchos peruanos hoy estarían vivos y numerosas familias no habrían quedado rotas.

Esa es la responsabilidad que Carmen Vildoso le reclamó a Simon antes de renunciar individualmente quedando como la única persona decente de ese gabinete. A lo que el otro le contestó que todavía tenía una oportunidad asociándose con una mesa de más ancha base (Iglesia, Defensoría y otros) y buscando el diálogo con otros dirigentes. Pero de lo que hablaba era de una oportunidad para él, para jugar las del pacificador tardío, que no pudo detener la masacre cuando podía hacerlo. El que quiere salvar como sea una carrera política que otra vez se ha manchado de sangre.

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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

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