Otra vez Malasuerte

Se levantó a las seis y seis de la mañana y despertó a su perro flaco y negro, que aulló como si hubiera visto al verdadero demonio en vida. Fue la primera señal de que aquel viernes de marzo iba a ser uno de los peores días que haya vivido nuestro querido Malasuerte.

| 11 abril 2012 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 945 Lecturas
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Abrió las cortinas y vio que los buscatesoros habían destrozado las bolsas de basura y tres ratas inmensas estaban haciendo de las suyas en la bazofia desperdigada. Malasuerte se puso triste porque intuyó que aquel viernes lo iba a recordar para siempre. Cuando abrió la ducha, lo que salió fueron gotas de agua con óxido y alguien gritó en el edificio: “Se fue el agua otra vez, carajo”. Se vistió sin bañarse y se fue al trabajo donde su jefe, totalmente enojado, le dio una comisión horrible. “Señor, no puedo hacerlo”. “Carajo, lo haces o te vas”. No quería cumplir la comisión porque sabía que le iba a ir mal por las cosas anteriores que habían pasado aquella mañana. Efectivamente, a medio camino se malogró el carro en el que iba con el chofer a realizar la cobranza a un conchudo que vive en el extremo sur de la ciudad. Tuvo que empujar el carro para que funcionara y mientras lo hacía, unos maleantes del lugar le quitaron todo lo que llevaba encima y lo dejaron sin plata para el almuerzo. Llamó con las monedas que le quedaban al jefe y éste le dijo: “Tienen que llegar al lugar de todas maneras, si no lo hacen no vuelvan nunca más al trabajo”. Llegaron con tres horas de retraso y esperaron al conchudo otras tres horas más para que les diga que no les iba a pagar nada. Malasuerte trató de golpear al conchudo, pero éste lo golpeó a él y al chofer. Malasuerte quedó mal herido, con los dientes movidos y la pierna izquierda maltratada. Eran como las seis de la tarde cuando regresaron al trabajo y el camino de regreso fue más accidentado que el camino de ida. Un lento camión de basura lo chocó hasta dejar inservible el vehículo de la empresa. Menos mal se salvaron. Tuvieron que caminar largos kilómetros para llegar a casa al borde de la madrugada. Cuando Malasuerte llegó a su edificio se enteró que su llave se le había perdido en alguna parte y tuvo que pasar la noche en la puerta de su casa hasta que el sol caliente del otro día lo despertara. “Dios, espero que esté día no sea tan cruel”, dijo después de un largo suspiro.


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