Otra derrota del fujimorismo

La oposición fujimorista ha querido eliminar a la ministra de la Mujer, Aída García Naranjo, y ha hecho todo para deslegitimar su presencia. El linchamiento continuará con mayor rabia después del firme y merecido apoyo que le han otorgado el Presidente, el gabinete y la mayoría del Congreso que no aprobó la censura. No hicieron caso a los medios a pesar que se consideran la máxima instancia de las decisiones políticas y judiciales. Ellos la denunciaron, la juzgaron y la sentenciaron. Mocha debía salir y no salió.

| 15 octubre 2011 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.3k Lecturas
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Los medios ocupan el lugar de los partidos en todo el continente. Y en este caso no han dudado en levantar sonoramente una acusación de hace dos décadas en el Municipio de Lima, sobre algo que no es de responsabilidad de la Ministra, para agregar al infausto envenenamiento infantil que quedó demostrado no fue por alimentos del Pronaa.

Nadie pretende quitar a la oposición política su derecho a cuestionar y fiscalizar funcionarios de manera legítima, pero en este caso el linchamiento es para derrotar a quien fuera tenaz luchadora contra la dictadura fujimorista, mujer valiente de impecable trayectoria de izquierda, entregada a las causas sociales desde su juventud, llegada al cargo por absoluto derecho y larga preparación. El fujimorismo elige sus blancos y Mocha es un símbolo de fuerza, dignidad y alegría.

Integramos juntas la Comisión Organizadora de la Marcha de los Cuatro Suyos que, a iniciativa de Javier Diez Canseco, fue acogida multipartidariamente para apuntalar la lucha que entonces lideró Alejandro Toledo. Ella le puso música a la Marcha descartando un estribillo que a nadie gustó. Su hermosa voz sirvió para animar aquella noche memorable. Anécdota que pinta de cuerpo entero su accionar. La conocemos bien, su fuerza se hizo acción también en el Foro Democrático y en el Comité Cívico por la Democracia.

Mocha García Naranjo es una lideresa social de prosapia y de principios. Los fujimoristas quisieran verla liquidada política y éticamente y por eso se esmeran en truculentas primeras planas y malignos titulares. El fujimorismo no perdona las derrotas democráticas a las que ha sido sometido por gente valiosa de indemnes principios, por ello afina su puntería para desgastarla y si es posible eliminarla.

Por eso no cesan los acólitos del fujimorismo, que ahora dirigen diarios, en hacer de la difamación amarilla, bandera y de los argumentos deleznables armas subalternas. Conocemos bien esa metodología pero no funciona cuando se aplica a personajes de trayectoria intachable.

El régimen de Ollanta Humala debe estar claro que la carrera es de resistencia y no de velocidad. Para ganarla requieren de valores firmes como la ministra de la Mujer. Los medios a su turno deben saber que no tienen el poder de poner y sacar funcionarios a su antojo, tampoco el de imponer la agenda política.

La campaña electoral acabó pero el fujimorismo seguirá buscando victorias, día a día, combinando los medios que controlan con la minoría parlamentaria. Pero mientras exista firmeza y claridad en el gobierno habrá también medios que apuesten por el equilibrio y por una oposición democrática sin excesos ni linchamientos ética y políticamente inadmisibles.


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