Otakufest 2009 pá la pipol

El último sábado accedí sin credencial, achorado en el verbo y agenciado sólo por mi boina del dragón divino al Otakufest 2009, esa celebración de la cultura de la animación japonesa, o la afición desmedida peruana por el manga y sus proyecciones -en realidad, por cualquier expresión que se acerque al arte nipón-.

| 03 noviembre 2009 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 647 Lecturas
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Cultura pop a morir, léase comportamiento y estilo de vida: gotones nerviosos, comedia nipona de TV, y hasta jergas japonesas peruanas, estas últimas para agregar a mis Malas Palabras versión El Pecado de Oyuki + El Samurai Fugitivo (¿Se acuerdan de Ito Gami y su pequeño hijo Daigoro? Ya pe, algún día una columna sobre eso. Respóndanme así: Sugoiiii!!!). El local del hotel María Angola pedía auxilio; estaba rebalsando cual sopa de resina. Dispuestos al arañón de los disfraces de sus personajes favoritos (cosplay); a las bandas de rock expertas en cancioneros con la gravedad de un cerezo; videojuegos con patada de budismo zen; fotos por doquier con orejitas de conejitas, zorritos, gatos y la manifestación de la mitología narrativa hecha mote, yuca, o sea peruanazos ¡sabor! Todo unido al griterío misma llegada de los Beatles alguna vez -no pues, como a los Grupo 5, no; que lo auspicie el “Tromercio”, un miembro más de la familia Yaipén; futuro vástago: Cumbio Miro Quesada Yaipén, pe xD!-. La firme, hubo unos dos mil y tantos boys and girls que se divertían en medio de sus mundos visionados, transgrediendo la aburrida realidad con sus fantasías, no sin antes -estómago peruano rolz!-, comer su arroz con pollito; su teriyaki; su obento; sus picarones. La mayoría iba disfrazada, arrochando con creces las fiestas de las brujas y la del vals peruano. Por exampol, había un patita que se disfrazó de Kei Kurono (“Gantz”); estaba forrado de cuerina, con un acabado tremendo; se demoró seis meses en confeccionarlo él mismo. Sospecho también que se veía con el termómetro del infierno adentro. La verdad es que a veces me dan risa los desvirtuadores de esta ‘subcultura’. Es totalmente válida. Tomé fotos y edité un video para mi blog, siempre en mi stail gatopopero que gusta a todos los que no son ratones. Ches, el Otakufest fue como un concierto. La reventa estuvo en su punto, y alguna gente se quedó afuera, perdiéndose las voces dobladas al español de Gokú y Vegeta, los mismos que firmaron durante tres horas autógrafos y estoy seguro que después se los llevaron a la posta más cercana para enyesar sus dedos índices. Otakus del Perú, si alguien molesta, ya saben; me mandan un mensaje de texto nomás, yeah. ¡Larga vida, kakarotos! Neeeee.


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Luis Torres Montero

Malas palabras

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