Optimismo vs. Desesperanza

Noé y su Arca nos recordarán siempre el famoso diluvio del que se valió Dios para exterminar toda vida sobre la Tierra, arrepentido de haber creado al hombre cuyo corazón, lleno de violencia, solo tramaba aviesos designios todo el día.

Por Diario La Primera | 23 ago 2008 |    

Luego del exterminio y reflexionando que inevitablemente los deseos del corazón humano tienden al mal, pactó el creador con Noé, comprometiéndose a no volver a exterminar a todo ser viviente y puso al arco iris como señal de este pacto.

La humanidad hubo de comenzar de cero nuevamente, a partir de Noé, su familia y una muestra de los animales de la tierra; bendijo Dios entonces a Noé y lo mandó a procrear, multiplicarse y llenar la tierra.

Cientos de siglos han pasado y la humanidad alcanzará pronto los 7 mil millones de habitantes, con un crecimiento de 100 millones por año y estará a punto de reemplazar a Dios en el diseño de su propio exterminio, cuyos principales síntomas son el calentamiento global, la contaminación y la desaparición de la biodiversidad.

El optimismo nos empuja a luchar por revertir esta autodestrucción, que aumenta la temperatura del planeta, intoxica peligrosamente nuestro hábitat y destruye a paso acelerado los bosques naturales y la vida que contienen, al impresionante ritmo de 16 millones de hectáreas por año, provocando, al mismo tiempo, la desesperanza del hombre por salvar al planeta.


    Samuel Morante

    Samuel Morante

    Ecomundo

    Columnista