Olvidos olímpicos... (como de Mao. por ejemplo)

Los chinos reiteraron su desmesura. Palacios, tumbas, ejércitos enormes de terracota y de carne y hueso, la Gran Muralla... todo es muy grande, casi titánico en el país de las Suaves Armonías y las Sublimes Colinas...

Por Diario La Primera | 23 ago 2008 |    

Así también han sido organizados los Juegos Olímpicos que han recibido la más formidable cobertura mediática de la historia gracias a un igualmente extraordinario esfuerzo de propaganda que exhibe China al mundo como una nación poderosa y moderna.

Esta salida propagandística al exterior es sin duda producto de un bien planificada política de comunicación que, entre otras cosas, indica lo que se dice y no se dice... lo que se olvida y recuerda.

Y entre los olvidos más toscos están la figura y obra del Presidente Mao Tse Tung (ahora Mao Zedong) y el movimiento que culminó con el triunfo en 1949.

Quienes seguimos la ceremonia de inauguración esperábamos por lo menos una mención a la Revolución que encabezaron esos líderes legendarios. Mao, Chou En Lai, Lin Piao, y otros tantos nombres que la decisión de silencio ha engullido sin más trámite.

Es probable que los políticos e historiadores chinos están revisando la actuación del jefe cuyo cadáver momificado está en algún lugar de la Plaza Tienanmen. Y debe ser por eso que han retirado el gran cartel con su fotografía en que aparece sonriente, con su clásica gorrita y su simple chaqueta gris abrochada al cuello.

La televisión china (que vale la pena ver) propagandiza día y noche sobre su cultura, ciudades, adelantos, y nos enseña que China ha cambiado de manera sorprendente y tanto, que nadie quiere acordarse de esos millones de jovencitos que en 1966 protagonizaron la Revolución Cultural sumiendo al país y la Revolución en el desconcierto.

Tampoco nadie recuerda las campañas por el acero, a la célebre Viuda, a la Banda de los Cuatro, al sacrificio de tantos para que hoy la nueva generación se luzca como yuppies de imitación.

Ojalá que Zhan Yimou (o como se escriba) que ha reinventado para el cine una improbable China imperial, obtenga permiso para visitar a los obreros que construyeron ese país en los años cincuenta y que hoy deben observar con decepción a los nuevos ricos chinos.


    Juan Gargurevich

    Juan Gargurevich

    Opinión

    Columnista