Ollanta y la compra de Repsol

1).- Varias veces tuve la oportunidad de escuchar al candidato Ollanta Humala cuando decía que “Nadie debe de comprometerse en una batalla si no está seguro de ganarla”. Esta frase que pareciera ser un mal empastelado de las muchas que sobre el tema escribiera Sun Tzu, choca con la realidad (Arica, San Juan, Miraflores, etc.) donde estaba en juego el honor; pero también con la política. Como se sabe, se dice que la política -entre otras cosas- es el arte de encontrar el camino posible para solucionar una confrontación entre posiciones adversarias. Es decir, se lucha por lo que se considera “necesario”, pero el resultado, lo “posible”, es producto de las correlaciones de fuerzas entre los diferentes actores que interactúan. Aunque en ciertos casos, cuando se trata de algo considerado trascendente, también vale dar la lucha a pesar de una correlación adversa; con dignidad y sin temores.

| 06 mayo 2013 12:05 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.1k Lecturas
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2).- En el tema de la compra de Repsol, la posición del presidente Humala, por decir lo menos, se mostró debilona y vacilante; hasta parecía tener complejo de culpa, como si estuviera haciendo algo prohibido que se iba llegar a saber, y por lo tanto prefería ya hacerlo público. Sin embargo, dio el visto bueno al pronunciamiento público del gobierno regional del Cusco (el único controlado por el PN) a favor de la compra de Repsol. Del otro lado, la derecha unida, la política+ empresarial+ medios, dándose cuenta de la vacilación presidencial, se envalentonó advirtiendo que la derrota del gobierno sería fácil y rápida; para eso contaba con la información de algunos ministros acerca de la endeblez presidencial sobre el tema. El silencio de las izquierdas, a diferencia de la derecha, no hizo más que ratificar su incapacidad para evaluar las coyunturas políticas con perspectiva estratégica. Además, una izquierda fragmentada no tiene peso propio.

3).- Cuando Nadine declaró “Si la compra de Repsol no es beneficiosa para el país, simplemente no va”, todos entendimos que la decisión en contra de la compra de Repsol ya se había tomado ¿Lo hizo con la anuencia del Presidente o no? En cualquiera de los casos fue un grave error que lo está pagando la pareja presidencial. ¿No era que Nadine era solo una activista de los programas sociales?, y acaso no es cierto que por boca del Presidente se nos comunicó “que el que toma las decisiones soy yo”. De otro lado, el “oportuno” acuerdo del Directorio de Petro Perú, después de la declaración de Nadine, fue un apurado pretexto.

4).- En síntesis, se inició una batalla sin prepararla, con temor y con poca voluntad para ganarla. Pero, además, asustados de la vocinglería de los adversarios se produjo una rápida y desordenada retirada gubernamental. Los costos están a la vista, el Presidente en silencio y su figura maltrecha, el poder de Nadine al descubierto y su candidatura presidencial desahuciada. El premier Jiménez con los días contados, el ministro Castilla ganó en toda la línea. Las bases y simpatizantes del partido nacionalista desconcertados ¿qué dirán los del Cusco?


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Carlos Tapia

Opinión

Columnista