Ojos y anteojos (a propósito de La Haya)

Aún es prematuro decir cuál será el resultado final del contencioso entre Perú y Chile en La Haya. Ser cautelosos, en estos casos, es mejor. La cautela –no es lo mismo que pesimismo- nos evita caer en un optimismo muchas veces exagerado, que navega, como se dice, contra viento y marea.

| 09 diciembre 2012 12:12 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.5k Lecturas
Ojos y anteojos (a propósito de La Haya)
ANÁLISIS
1506

Estamos casi a la mitad del camino. Sin embargo, se puede decir que, hasta el momento, Chile no ha podido demostrar que la Declaración de Santiago es un tratado de límites.

El sentido común nos dice que un tratado de límites es un acuerdo entre dos partes. Hasta ahora no se conoce –o, mejor dicho, yo desconozco- un tratado de esta naturaleza firmado entre tres países.

Los peruanos sabemos, y para eso ayudan mucho nuestras complejas y difíciles, hasta hace muy poco tiempo, relaciones con Ecuador, que la firma de un tratado de límites requiere de dos países. Es decir, siempre es un acuerdo bilateral claro y preciso que manifiesta la voluntad expresa de las partes.

Sin embargo, más allá de este y otros problemas que la Corte Internacional de Justicia de La Haya tendrá que definir o sentenciar, me parece importante discutir lo que muchos han llamado la etapa post La Haya; es decir, esta posibilidad de cerrar un ciclo histórico y comenzar otro en las relaciones entre ambos países. Para el Perú este es el último contencioso limítrofe y cuando se ponga fin a este desacuerdo nuestro país habrá fijado sus límites.

Lo importante que hay que decir es que el actual diferendo no es consecuencia directa del pasado. El derecho del mar y, concretamente, la problemática de los límites marítimos son temas relativamente nuevos que alcanzan su sentido más pleno con la Convención del Mar a inicios de la década de los ochenta. Lo que antes existió fue una suerte de prolegómeno que hoy en día es parte de una temática integral.

Por eso el Perú ha hecho bien en señalar que este problema, específico por cierto, es nuevo, moderno, que se resuelve vía el derecho internacional; que no es una herencia del pasado sino el fruto de la evolución del derecho internacional en el ámbito marítimo.

Con esta actitud, el Perú, de manera muy consciente, ha evitado caer en una prédica chauvinista que hubiese traído como consecuencia oscurecer el problema que hoy discutimos.

Sin embargo, esto no implica que tanto peruanos como chilenos veamos este problema también con otros ojos. César Vallejo, nuestro poeta nacional, decía que hay que tener más confianza en los antejos que en los ojos.

En realidad, esta expresión es una invitación a tener más confianza en lo “artificial” –los anteojos- que en lo “natural” -los ojos-. Por eso la pregunta que debemos hacernos es con qué “anteojos”, peruanos y chilenos, estamos viendo (analizando) este diferendo.

Tengo la impresión que hoy los “anteojos” con los cuales se miran tanto Chile como Perú están cambiado. Incluso, van más allá de lo meramente comercial. En Chile hay un proceso de debate respecto al papel que las guerras del siglo XIX tuvieron en la construcción del imaginario nacional y sobre la visión del otro.

El historiador chileno Gabriel Cid en un interesante artículo “Clío frente a Marte: Notas para repensar socioculturalmente las guerras del siglo XIX chileno”, luego de discutir el lugar de las guerras en la historiografía chilena nos dice: “…es necesario y urgente tomar distancia crítica en el estudio de las guerras del siglo XIX, particularmente de los discursos e ideas-fuerza que estas legaron al imaginario nacional. Específicamente, me refiero a superar la vinculación implícita o explícita que se vislumbra aún en la historiografía entre guerra y nacionalismo. Gran parte de la historiografía tradicional sobre las guerras se ha escrito en buena medida como una forma de tributo al pasado sin mediar, paradójicamente, una mínima distancia crítica de los discursos generados hace ya más de un siglo. En este sentido, hay que superar la visión de la guerra como epopeya -particularmente evidente en el caso de la Guerra del Pacífico- que aún subsiste en diversos niveles, desligarse de los lentes de “guerra mítica”… que se caracteriza por una retórica autocomplaciente, confrontacional y dicotómica, donde los claroscuros, tensiones y contradicciones propias de toda sociedad desaparecen”.

Yo creo que algo parecido está sucediendo en el Perú si se revisa la nueva historiografía sobre el siglo XIX y también la del XX. En realidad, la construcción de esta mirada con “nuevos anteojos” es una tarea colectiva de los pueblos, que no evade el pasado, pero que es capaz de “verlo” de otra manera.

La propuesta del historiador chileno Cid de desligarse de los lentes de la “guerra mítica” es el mejor camino para construir los soportes de un nuevo ciclo histórico entre ambos países, en el cual, los resultados de La Haya juegan un papel importante porque pueden marcar un antes y un después.

El otro punto importante a tener en cuenta en este momento es el indeclinable proceso de integración regional que no solo comprometen a Perú y a Chile sino también a todas las naciones sudamericanas que hoy buscan construir un solo bloque.

La integración es el otro camino para desligarse no solo de los lentes de la “guerra mítica” sino de esta suerte de relación perversa entre nacionalismo y guerra. Es una invitación a mirarnos, primero, a nosotros mismos y luego a los otros, con los mismos “anteojos”.


¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.

En este artículo: | |


...

Alberto Adrianzén M.

Disonancias

Parlamentario Andino