“Nuestro comandante”

Nunca vimos nada igual en el continente. Ya son varios los días de los funerales de Hugo Chávez y el impacto de su desaparición no disminuye, se sigue leyendo en los titulares del mundo, tanto como se ve en la tristeza y el dolor en los miles de venezolanos que vestidos de rojo siguen el féretro como si el líder estuviera vivo y en su mejor momento de poder. Hugo Chávez se ha ido y con su muerte va adquiriendo otra dimensión, la del mito, la del símbolo, la del ícono que ya no puede destruirse porque físicamente ya ha desaparecido.

| 09 marzo 2013 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 839 Lecturas
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Incluso sus enemigos políticos, en los medios de comunicación y en la derecha, han debido reservarse el filo para rendirse ante manifestaciones que trascienden la racionalidad y las ideologías. No es el momento de las críticas, se impone la ponderación pues para muchos es el del dolor y para los más el de la veneración sin razones.

La muerte derriba barreras y crea situaciones imprevisibles. Es lo que está sucediendo en Caracas. La muerte física de un presidente poderoso y casi autocrático deja paso a un héroe popular cuyas ideas y buenas acciones son santificadas hasta la exacerbación y sus errores, muchos y grandes, son olvidados pues no condicen con su condición de nueva deidad popular, con restos que serán embalsamados para la veneración y el culto social.

Chávez ha dejado un sentimiento de dignidad y de rescate voluntarista en su pueblo. Su energía y su fuerza física y espiritual ha sido inoculada en seres que siempre se sintieron desprotegidos y encontraron en el militar de gesto desafiante su mentor y su guía, el que alimentó su autoestima y los comenzó a sacar de la pobreza. Alguien que de la nada los introdujo en la política haciéndolos soñar con una revolución, con decisiones y nuevas condiciones de vida. Por eso lo llaman “NUESTRO COMANDANTE” y lo seguirán haciendo mientras vivan. Es el jefe de un gran ejército. El mito ha nacido más poderoso que la ideología y vivirá por encima de ella.

Chávez significó en vida un desafío permanente a los poderosos del planeta, los retó con su poder y su verbo, se les enfrentó sin achicarse. Lo que en vida fue gesto hoy es leyenda.

Más de sesenta gobernantes del mundo, entre amigos y adversarios, se incorporan al simbolismo del dolor del funeral con alta dignidad. Toda la región impactada e involucrada por un prolongado rito que no la dejará indemne. Proclamas y frases repetidas dejan una sensación de nueva época. De integración, de flama y prioridad social, de rescate de los oprimidos de siempre que son mayoría. La derecha y sus enemigos deberán aceptarlo y adecuarse. Chávez muerto ya no confronta pero su mensaje es sentido y es radical. Y así seguirá.

Un gran abrazo para Javier Diez Canseco, hoy lamentablemente postrado. El multitudinario homenaje brindado en el Colegio Médico fue pequeño para expresar la trascendencia de su presencia en la política peruana. Le reconocemos valentía, consecuencia y honestidad. Y el respeto y la admiración que le debemos solo son comparables a la necesidad que el país sigue teniendo de JDC, una gran persona y un gran político. Que venza su batalla definitiva.


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