Nuestra idiosincrasia

En la Vía Pública, en todo nivel socioeconómico cuesta demasiado respetar las normas. Este comportamiento forma parte de nuestra cultura, como la carapulcra, la sopa seca, el cebiche o la pachamanca. La falta de disciplina es una conducta muy peligrosa que pone en riesgo permanente nuestras vidas.

| 18 diciembre 2012 12:12 AM | Columnistas y Colaboradores | 2.1k Lecturas
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Es patético observar a conductores, a peatones y pasajeros movilizarse en la vía pública, con esa forma tan criolla, tan nuestra que han desarrollado una extraña habilidad para sortear obstáculos y evadir reglamentos que a veces pareciera una capacidad fuera de lo común, adaptando nuestras vidas y las de los demás a nuestro antojo y regalado gusto. Nuestra vialidad está convertida en una suerte de negativa marca de fábrica como colectividad. No transmitimos una imagen positiva como país. Este problema de carácter sociológico contiene aspectos culturales muy profundos, convertida en una mala costumbre, se repite una y otra vez, lo cierto y real es que carecemos de una cultura de prevención en seguridad vial a nivel nacional. Debemos poner freno de una vez por todas a este modelo de conducta. Los crónicos incumplimientos a las normas básicas del tránsito, generan a nivel macro, el efecto que hoy vivimos, un caos generalizado a todo nivel en la vía pública que como siempre escribo, es la vía de todos. Este problema cultural no nace por generación espontánea, nace de los condicionamientos históricos, sociales, económicos y políticos que a lo largo del tiempo hemos incorporado como modelo de comportamiento. No debemos permitir que este sino histórico continúe. Las autoridades de turno tienen responsabilidad de cumplir el mandato constitucional de mantener un sistema que vele por la seguridad y calidad de vida de sus ciudadanos. Se deben implementar políticas públicas basadas en esta realidad para transformarla de raíz. Como núcleo lúcido tenemos el deber de promover ante los menos conscientes, esta nueva realidad. La necesidad de transformar nuestra conducta vial, conduciéndolos a la incorporación de valores para ir moldeando esta nueva visión como colectividad. Hasta mañana.


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Federico Battifora

Rompemuelle