Nubarrones sobre Copenhague

En un increíble y desafortunado giro, las conversaciones de Bangkok finalizaron el viernes con un fuerte retroceso, a menos de dos meses de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en Copenhague.

| 14 octubre 2009 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 497 Lecturas
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A estas alturas los países desarrollados deberían haber presentado el porcentaje de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero que asumirán después de 2012, cuando finalice el primer periodo de compromisos del Protocolo de Kyoto. Pero en Bangkok manifestaron que no están dispuestos a un segundo periodo y, peor aún, que seguramente abandonen el Protocolo.

Esto causó conmoción en todo el mundo y dio lugar a una fuerte reacción del G-77 y China.

Para evitar un desastre en Copenhague, “lo que se necesita es que la Unión Europea, Japón y Australia eleven la apuesta en vez de sumarse al intento de Estados Unidos de desbaratar las regulaciones”, declaró el embajador de Sudán, Lumumba D’Aping, quien preside el G-77.

El Protocolo de Kyoto establece metas obligatorias para los países desarrollados de reducción de sus emisiones de gases de efecto invernadero. Se aceptó que en el primer periodo (2008-2112) las reducirían colectivamente en 5% (respecto de 1990) y se esperaba que la nueva reducción estuviera entre 25% y 40% para 2020.

Uno de los problemas radica en que Estados Unidos se retiró del Protocolo de Kyoto en 2001. La conferencia de Bali (diciembre de 2007) previó que si no regresaba podría tratarse como un caso especial que vincularía sus compromisos dentro de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, de la cual es miembro.

Pero en lugar de llevar a cabo este plan, los demás países desarrollados se sumarían ahora a Estados Unidos, saltando del Protocolo de Kyoto a un nuevo acuerdo, mucho más permisivo.

El paso de compromisos internacionales vinculantes a una determinación nacional equivale a rebajar la naturaleza de los compromisos asumidos por los países desarrollados.

Los países desarrollados parecen tener un plan concertado para rebajar sus propios compromisos y, a la vez, poner su carga en los países en desarrollo. El jefe de la delegación de Estados Unidos en Bangkok, Jonathan Pershing, dijo incluso que “los países en desarrollo adelantados” deberían adoptar reducciones cuantificadas de emisiones, algo sobre lo que ni siquiera se les consultó en Bali.

“El tren a Copenhague está por descarrilar”, advirtió el jefe de la delegación china, Su Wei.


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Martin Khor

Opinión

Colaborador