No pague por la palabra de Dios

Un ejército de mujeres, niños y ancianos invadió ayer las calles adyacentes al Hotel María Angola de Miraflores. ¿Un verdadero ejército? Sí, decenas de niños, mujeres y ancianos vestidos de verde y con las caras pintadas se enfrentaron al mal. “Somos el ejército de Dios”, gritaba una mujer vestida de “Rambo” mientras los demás la miraban asustados.

| 22 octubre 2011 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 1k Lecturas
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— ¿Y contra quién pelean?

—Luchamos para destruir las “fortalezas” del enemigo.

— ¿Y quién es el enemigo?

—Es todo lo que se opone a nuestro Señor.

— ¿Cristo?

—Sí. Estamos en una guerra espiritual de alto nivel.

—Gracias.

Este ejército no es otra cosa que una manera atractiva de convocar a más seguidores, una manera de atraer a más hombres y mujeres hambrientos de Dios. Es una iglesia que junta a sus seguidores en un salón enorme para pedir a Dios que le cambie sus vidas. Ayer se juntaron en el centro de convenciones del Hotel María Angola y hoy seguirán en lo mismo. El ejército reparte volantes que indican: “Primer congreso internacional de guerra espiritual de alto nivel 2011. Destruyendo las fortalezas del enemigo. Donación 70 soles”.

—Tan caro para entrar y pedirle a Dios.

—Por las noches es gratis.

El volante anuncia a 10 expositores de varias partes de América Latina con caras de querer vivir al lado del Señor.

Hay en todas partes del mundo gente con hambre de Dios, así como gente que quiere vender comida para saciar esa hambre. Si cuesta entrar a un templo para escuchar la palabra de Dios algo malo debe estar pasando. Pero no especulemos. Es buena idea crear un ejército contra el mal sin balas ni armas; pero siempre hay que estar alerta con las intenciones del que va al frente de ese ejército de gente que está dispuesta a pagar para conseguir bienestar.

No pague nunca para escuchar la palabra de Dios. Cristo no lo aprobaría en ninguna circunstancia. ¿Además, quién nos asegura que esos hombres, que dicen ser los enviados de Dios, son buenas persona s cuando pueden ser en realidad los enviados del enemigo, a quien supuestamente buscan destruir con la ayuda de un ejército de fieles bien intencionados?


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