No a las negociaciones y mucha hipocresía

Alguna explicación política y militar debe existir para que la derrota de los llamados “remanentes de Sendero Luminoso” ubicados en la selva, no haya podido alcanzarse después de casi veinte años de la captura de Abimael Guzmán y el fin del conflicto armado en la mayor parte del país. Algunos creen que el fujimorismo mantuvo estos dos focos para justificar un estado de guerra perpetua que permitiera postular la reelección indefinida del autor del golpe de 1992, como el único que podía evitar el recrudecimiento generalizado de la violencia en el país.

| 10 diciembre 2011 12:12 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.4k Lecturas
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Otros han pensado que es el carácter totalmente defensivo de esta etapa de la guerra desarrollada en una zona donde la presencia del Estado es muy débil, lo que explica el continuado fracaso de las fuerzas represivas en el Vrae y el Huallaga.

Finalmente están los “expertos” que han diagnosticado que los rezagos de la subversión de los 80 y 90 han devenido en “otra cosa” y que son parte de una especie de nueva guerra de las drogas y que eso tiene que ver con mejor armamento y capacidad de reproducción en espacios locales y regionales.

Lo que sea. Pero la verdad que se ha vivido en tanto tiempo ha sido la de un desfile intermitente de militares, policías y civiles, muertos en enfrentamientos que no parecen tener fin, así como declaraciones de presidentes anunciando la batalla final; ministros y generales prometiendo tener cercados a los rebeldes; y medios dando cuenta de la captura de tantos lugartenientes, jefes de seguridad y convivientes de los jefes subversivos que nadie entiende porque las cosas siguen básicamente igual.

Todo esto ya lo sabemos, como conocemos que cada vez que desde la selva llega un pedido para instalar una negociación para rendirse, aparece un ministro que promete estudiar el asunto y le caen media docena de sus colegas declarando que no hay nada que negociar, que lo único que le queda a los senderistas de Artemio o José es rendirse, y que lo que pasa es que están cercados y ya van a caer.

Por supuesto, que la oposición, en particular el fujimorismo, siempre va a decir que toda negociación sería una cobardía, y se pondrá a hacer la cuenta de los crímenes de la subversión, olvidando de paso los suyos propios.

Pero ahora, gracias a IDL, nos enteramos no solo que Artemio quiere dejar las armas como ya había dicho anteriormente, o que el último miembro del Comité Central de Guzmán reconoce su derrota militar pero pide condiciones para entregar las armas, lo que ha sido contestado con las mismas frases hechas de todos los gobiernos, sino que esto que está diciendo ante la prensa ya ha sido tratado con anteriores gobiernos que enviaron delegados secretos y al propio monseñor Bambarén a discutir el tema. O sea hubo negociación.

Pero para el público no la hubo. Seguimos teniendo unas fuerzas armadas y policiales que no pueden con unos doscientos tipos atrincherados en la selva, pero que de todas maneras los van a derrotar; y unos políticos que dicen que no negocian una rendición (¡), pero negocian.

Es como Fujimori, que negoció meses con Guzmán, Iparraguirre y toda su dirección, de dónde salió la propuesta de “acuerdo de paz”, que el gobierno autorizó transmitir al país; pero que en vez de tomarse en serio la paz, se convirtió en trofeo de guerra del régimen que alardeó que había hecho rendirse al jefe de Sendero. ¿Cuántos habrán muerto por esta irresponsabilidad?


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista