No más conflictos

Los conflictos sociales, muchos de origen estructural, otros heredados del pasado gobierno, han alcanzado lamentablemente el primer plano del acontecer nacional, con un saldo triste de dos muertos en Espinar y de un clima de polarización preocupante en Cajamarca, por motivos harto conocidos y sobre los que hay posiciones ya asumidas, que pasan a un segundo plano cuando lo importante es ponerle fin a esos conflictos y establecer un clima de paz, propicio para el desarrollo y las inversiones que tanto necesitamos.

Por Diario La Primera | 02 jun 2012 |    
Si bien es cierto que generalmente las protestas pueden tener un fondo de justeza y por algo este diario les abre sus páginas, como una contribución a que alcancen una solución, es también un hecho que no siempre responden a intereses legítimos y a causas genuinamente sociales.

Hay casos, que el país debe repudiar y tratar con la energía que corresponde, en los que esos conflictos son motivados por causas e intereses lejanos del altruismo y la nobleza, y más bien provocados, azuzados o exacerbados por elementos dirigenciales movidos por ambiciones de tipo personal, intereses políticos y hasta búsqueda de lucro, como tantas veces hemos visto en este país.

Nadie niega que hay que tener una política de prevención temprana de los conflictos sociales que tenga como principal instrumento al diálogo y la exposición de fundamentos con lógica económica y jurídica, ajustados a nuestra realidad económica y a las necesidades del desarrollo. Porque es indudable que no debe darse el caso de que los conflictos crezcan y estallen por desidia o ineficiencia.

Pero lo urgente es decirle basta a los conflictos, ponerles coto, con las armas de la ley y el diálogo, pero un diálogo de buena fe, sin atrincheramientos, con voluntad de arribar a consensos y sin trampas motivadas por afanes sectarios.

No resulta aceptable que los problemas sociales lleguen a convertirse en obstáculos para la democracia y para el desarrollo, valores supremos de la sociedad, de los ciudadanos y del Estado.

El país, felizmente, está consciente de que el retorno de la tranquilidad es un imperativo que debe lograrse, con respeto a los derechos de los ciudadanos y a la legalidad, pero también con la energía que la urgencia de ese objetivo amerita, por estar en juego la estabilidad política y económica, sin las cuales podríamos ir camino al abismo.

    Arturo Belaunde Guzmán