No maltraten al rey

Pese a que esta calle es angostísima, es lo suficientemente larga (una cuadra) para que este joven burócrata del nuevo gobierno se sienta como un rey y “gente grande” con su apenas un metro con cincuenta centímetros de estatura.

| 22 setiembre 2011 12:09 AM | Columnistas y Colaboradores | 818 Lecturas
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Ahora camina pavoneándose, como mirando al cielo y no saluda. Espera que lo saluden, y cuando lo saludan, él a veces no responde. En serio, no responde. Pasa rápido y siempre anda diciendo que es un hombre muy ocupado, que ahora pertenece al gobierno de la gran transformación.

Los vecinos lo han convertido en su tema favorito, porque antes era solo el chico pequeño que vivía en el segundo piso de la casa verde, el que no salía ni para estirarse un poco.

El vecindario es como la prensa, le gusta hacer famoso al que no le gusta. Son bravos con el chisme, tanto que quieren parecerse a los que viven en la capital cubana.

—¿Qué se cree ese pigmeo?

—Así son.

—Todo porque ahora trabaja en el Estado.

—Déjenlo tranquilo, que es un chico con suerte. No le hace daño a nadie. ¿Cómo antes no decían nada de él?

Es verdad, no le hace daño a nadie, es un joven tranquilo y tuvo la suerte de que un amigo suyo haya entrado a trabajar al Estado y éste lo haya llamado para ocupar un modesto puesto en la sede remota de un ministerio.

No le hace daño a nadie; pero en realidad causa risa a algunos, envidia a otros y cae pesado (con esa tallita) a varios chismosos de la cuadra, porque cada vez que pasa por la cuadra muestra su BlackBerry.

Una niña dice de él: “Miren, cuando usa su BlackBerry pareciera que está usando su laptop”.

Decíamos que en su barrio es un rey; pero cuando llega al trabajo, el pobre es el último de la cola y nadie lo saluda, ni lo mira. Cuando suena su BlackBerry la gente dice: “Apaga eso, oe” y luego lo envían a comprar café a la bodega de la esquina.

No le dejan opinar. Cierta tarde harto de no hablar, levantó la mano y dijo: “Yo opino que…” y dos compañeros de trabajo le dijeron: “Otro día, compadre, que ya es hora de salida. Pero el rey tiene su reino y en su barrio es el hombre exitoso que mira sobre el hombro a los desempleados de la cuadra.


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