No llores, no llores

Estela Rosmery recibió una llamada por celular de un hombre cuya voz parecía venir del pasado.

| 18 julio 2012 12:07 AM | Columnistas y Colaboradores |506 Lecturas
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—Aló, Estela Rosmery.

—¿Sí? ¿Con quién tengo el gusto?

—Me llamo Andrés.

—¿Andrés?

—Andrés Medina Cuadros. Estudié contigo en la primaria, el sexto grado, ¿no te acuerdas de mí? Leí un poema en la actuación de primavera.

—De verdad, no me acuerdo. Han pasado más de 20 años.

—Me imagino. Bueno, un antiguo amigo me dio tu número y por eso te llamé. Este es mi celular. Ahí tienes mi número. A ver, si te acuerdas de que me ayudaste cuando tuve problemas con el maleante del salón.

Andrés cortó y Estela se quedó quieta en la oficina. Pensó: “Andrés-Medina-Cuadros-que-recitó-un-poema-en-la-actuación-de-primavera-quién-será”. Dejó pasar el suceso, pero un viernes por la tarde, después de pelearse con su enamorado, se sintió sola y lo llamó.

—Andrés, mira, ya recordé algo y me gustaría conversar contigo para recordar aquellos tiempos —le dijo.

—¿Te parece si nos vemos más tarde, como a las siete de la noche, en el centro de Lima?

—Ok, nos encontramos por la catedral.

En realidad, Estela no recordaba absolutamente nada de Andrés y cuando estaban en el café lo dejó hablar. “Tú eras una niña muy callada, pero eras muy generosa porque un día no sé cómo te diste cuenta que yo había ido al colegio sin desayuno y me regalaste un pan con palta. Ah, y cuando el maleante del salón me quiso pegar porque le dije burro, llamaste al director para evitar que me golpeara, pero el director llegó tarde y el maldito me había sacado sangre de la nariz de un puñetazo y tú me limpiaste con tu pañuelo blanco”.

Estela estaba atónita y casi lloró al ver que Andrés le mostró su pañuelo blanco que lo había guardado más de 20 años. “Ya te recuerdo, Andrés, solo estuviste unos meses en el salón”.

“Sí, apenas cuatro meses. Me fui después de leer un poema que lo había escrito pensando en ti. Mi papá tuvo que llevarnos a Tacna y terminé la primaria y secundaría allá. Estudié abogacía y hace siete años sufrí un accidente que me tuvo en coma hasta hace unos meses y me dio ganas de verte”, le dijo.

—Dios mío.

—Tranquila, no llores.

—Dios mío.

—No llores.

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