“No, no es fácil querer mucho”

El señor “J” está entristecido porque no cumplió con la promesa de que el día de su cumpleaños número cuarenta, que fue ayer, iba a reconciliarse con “La Doña”, una mujer de esas que cautiva a los hombres con sus ojos oceánicos y su voz sonora.

| 13 agosto 2011 12:08 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.1k Lecturas
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Ahí va el señor, como si fuese la letra “J” viviente, vestido de negro, con sus manos en los bolsillos, mirando a la nada y con el pensamiento totalmente ocupado en esa mujer que lo hirió hace dos años, tanto que le duele hasta ahora.

Aquella tarde en que le dijo “ya no quiero ser tu amiga nunca más en mi vida”, el señor “J” se quedó sin voz y sin movimiento de nada y casi se cayó al asfalto de la impresión. “La Doña” lo dejó ese día con el corazón destrozado, totalmente abandonado por una remota calle de Jesús María.

Como un zombi de la impresión, aquella tarde caminó tanto que despertó a altas horas de la noche gracias a la fiesta en una casa, donde toda la familia bailaba alegre por un cumpleaños más del líder cubano Fidel Castro.

“Fue el maldito reaccionario disociador”, dijo entonces el señor “J” y se hundió en el silencio. Era verdad. Un tal Toño, gordo, de malos modales, fue quien convenció a “La Doña” alejarse del señor “J”, con las malas intenciones de enamorarla y dejarla luego con su noble corazón herido.

La llamó.

—Sé que ese Toño te dijo barbaridades de mí; pero tú me conoces bien y no tienes por qué creerle. Nuestra amistad no se puede acabar por las intrigas de ése.

—No sigas. Es mejor así. Es bueno para los dos. Además he vuelto con mi novio y no está bien que sigamos con esto —dijo “La Doña” y cortó en secó el celular.

El señor “J” se envolvió en una melancolía atroz. Casi nunca hablaba con alguien, casi nunca sonreía, salvo en aquellos momentos en que jugaba con sus gatos. No había en su vida un momento en que no pensara en “La Doña” y una tarde en una plaza solitaria prometió, el día que cumplió 38 años de edad: “Cuando cumpla cuarenta recuperaré la bella amistad de mi Doña”.

Ayer cumplió cuarenta y no logró su objetivo y es esa la razón de su tristeza. Ha recibido más de ciento cincuenta felicitaciones por el Facebook, más de 100 llamadas a su celular, sus amigos lo han llevado a tomar los tragos finos en un bar caro, pero nada lo ha sacado de la tristeza. Esperó hasta las doce de la noche ayer la llamada de “La Doña”, pero nunca sonó el celular. Antes de acostarse, escribió en su diario un verso de Rulfo: “No, no es fácil querer mucho”.

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