No escribió la última crónica

Cuanto más cerca estés, mejor será la foto, decía, más o menos, el célebre foto reportero Robert Capa. Y de hecho estar tan cerca le costó la vida al pisar una mina en Vietnam.

Por Diario La Primera | 05 jul 2008 |    

Aquel consejo ¿vale para los reporteros de prensa? ¿Cuán cercano de la noticia debe estar un ágil cronista policial, por ejemplo?

Esto es lo que probablemente pensó el colega Vlado Taneski que decidió que la mejor manera de narrar los detalles de un asesinato era… cometiéndolo él mismo. Y por esto sus narraciones informativas de varios crímenes resultaron ser impactantes, plenas de color y detalles dramáticos.

Taneski, de 56 años, un hombrón fuerte y solitario, era redactor del diario local de la ciudad de Kicevo, en Macedonia, donde se venían cometiendo crueles asesinatos de mujeres ya mayores y sin que la policía lograra acertar en sus búsquedas.

Los mejores datos sobre el tema los tenía este veterano periodista que visitaba las casas de las víctimas. La última, de 65 años, fue hallada con una docena de heridas en el cráneo y fracturas múltiples en las costillas.

¿Quién querría matar a la anciana Zivana? se preguntaban familiares y vecinos, ya decepcionados por el accionar de la policía. Por los crímenes anteriores dos sospechosos fueron detenidos y condenados ¡a prisión perpetua! en juicios sumarios que fueron, claro, cubiertos por el periodista.

Pero algo no encajaba, advirtió un policía perspicaz. Las crónicas informativas de Taneski eran perfectas, relataban con pormenores cómo habían sido los asesinatos (como un magnífico Nuevo Periodismo) y por ahí se deslizaron un par de datos que las pesquisas policiales nunca habían conocido y menos divulgado. Esas informaciones sólo podían provenir de alguien involucrado en los crímenes.

Corrieron a arrestarlo y Taneski se entregó y confesó que, efectivamente, él era el asesino de aquellas mujeres.

Lo encerraron un viernes y al día siguiente amaneció muerto en su celda. “Se suicidó metiendo la cabeza en un balde de agua”, afirmó el jefe policial, añadiendo así un misterio más a la dramática historia del periodista que quería estar más cerca que ninguno, aunque esta vez, dijo un comentarista, no pudo escribir la crónica –lo que le hubiese encantado–.


    Juan Gargurevich

    Juan Gargurevich

    Opinión

    Columnista