Necrológicas

Ayer aparecieron en el diario ABC –edición de Sevilla- unas necrológicas que bien le habrían gustado, en nuestro medio, a José de la Riva Agüero.

| 20 noviembre 2009 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 952 Lecturas
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Sucede que hoy 20 de noviembre la derecha española recuerda a dos de sus muertos más ilustres.

Un 20 de noviembre de 1936 murió, ejecutado por la República luego de un juicio que probó su papel de ideólogo e instigador del alzamiento franquista, José Antonio Primo de Rivera.

Líder del fascismo español, fundador de la Falange, Primo de Rivera era de esos monárquicos que se sienten emparentados con Bermudo I de Cantabria y fue el enemigo más insidioso y brillante que tuvo el régimen de Manuel Azaña Díaz.

Treinta y nueve años después del fusilamiento de Primo de Rivera, otro 20 de noviembre, murió en su cama hospitalaria, con el cuerpo acribillado de drenes y tubos y sondas, don Francisco Franco Bahamonde, el gallego feroz que devolvió España a su ancestral oscuridad: los curas decidiendo, los toreros toreando, los Grandes saludando, las duquesas haciéndolo.

El destino, que teje su tapiz y orquesta de manera misteriosa las cosas, hizo que el 20 de noviembre se convirtiera en el último día de las vidas del ideador y del soldado. Primo de Rivera fue el discurso y Franco la acción. Los unió la misma llamarada de sangre y escarmiento.

Lo increíble es que ayer, en pleno 2009, el ABC de Sevilla haya publicado unos obituarios melancólicos que nos hacen viajar por la máquina del tiempo y situarnos en el clima y el lenguaje del revanchismo fascista.

El de Franco dice así:

“Rogad a Dios en caridad por el alma del Excelentísimo señor Don Francisco Franco Bahamonde, Jefe del Estado, Caudillo de España, Generalísimo de sus Ejércitos. Falleció en Madrid el día 20 de noviembre de 1975, habiendo recibido los santos sacramentos y la bendición de Su Santidad...”

El apologético funerario de Primo de Rivera alcanza cimas casi surrealistas:

“Grande de España, metafísico, jurista, orador insigne, ideólogo innovador, tradicionalista, español imperial, fundador de Falange Española, cofundador y primer Jefe Nacional de Fe de las Jons, caballero de la Orden militar religiosa de Santiago Apóstol, Tercer Marqués de Estella, Gentilhombre de Su Majestad el Rey, abogado de su entonces ilustre Colegio de Madrid...Expiró recibidos los santos sacramentos y la bendición, in artículo mortis, de Su Santidad el Papa Pio XI...”

Mientras el Partido Popular se debate en una de sus peores crisis a raíz de una trama de corrupción con epicentro en Valencia y de la virtual anarquía que reina en su dirección, la vieja derecha de Blas Piñar asoma el hocico y otea el escenario.

Esa gente siempre ha considerado que el PP es su incómoda representación contemporánea. A Aznar lo aman porque Aznar es un Franco disfrazado de Chaplín. Pero a Rajoy lo desprecian y Fraga está para la tumba. Y a esa señora apellidada Aguirre se le nota demasiado el hambre por los enjuagues y los euros.

Si por los franquistas explícitos o agazapados fuera, restaurarían la guardia mora, las celebraciones de Burgos y La Leyenda del Beso como himno de la cultura ibérica.

Es que, de algún modo, las dos Españas se siguen mirando como se miraron a lo largo del Ebro y el Jarama: la España vieja y exitosa que volvería a bombardear Guernica si fuera el caso y la España nueva y siempre amenazada que volvería a cruzar los Pirineos en un invierno de derrotas.

Porque a la hora de la verdad, la gran tarde de sangre y arena que empezó en julio de 1936 volvería a escenificarse. Para el contento de Don Álvaro de Orleáns y la Princesa de las Dos Sicilias.

Y es que la tradición no muere, como suelen decir los que van al camal de Acho y a la matanza de Las Ventas y al río de sanguaza de la Maestranza de Sevilla.


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César Hildebrandt

Opinión

Columnista

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