Narcoterrorismo y otras confusiones

Jaime Antezana, uno de los superexpertos que todo lo saben sobre lo que ocurre en la selva con Sendero y el narcotráfico, asegura desde hace buen tiempo, y lo ha reiterado a propósito de la destrucción de tres helicópteros de transporte civil en Kiteni, que la organización de los Quispe Palomino ha dejado de ser un factor político y es, estrictamente hablando, un brazo armado del narcotráfico. En otras palabras, que ha abandonado los objetivos de poder y enfrentamiento con el Estado y su preocupación actual sería despejar las vías por donde circula la droga.

Por Diario La Primera | 16 oct 2012 |    

Pero el mismo Antezana se ha metido en estos días en una singular confusión al insistir en que los que atacaron a un vehículo de la Policía en Cielo Punko, en La Convención, Cusco, el último viernes, no son senderistas sino narcotraficantes simples, por el tipo de armas de menor alcance y porque el modus operandi de José, Gabriel, Alipio y Cía. es mucho más mortífero, por lo que este sería probablemente algún tema de pase de la droga. La pregunta que se ha lanzado sobre el caso es: ¿qué hacían cinco policías en un carro en una zona desolada en la que se debe movilizar en convoy?

En esencia, Antezana nos está diciendo que el Sendero de hoy es puro tráfico por dinero, sin planes militares ni políticos, y que en ataques a policías aislados donde puede caber la hipótesis de vendettas y corrupción, ahí lo más probable es que se trate de narcotraficantes aún más puros sin contaminación maoísta. Si alguien entiende lo que esto significa, por favor que me lo explique.

Lo que yo pienso en cambio es que el Sendero Luminoso de los Quispe Palomino funciona como la organización armada dominante en una zona marcada por la violencia y lo hace cohesionado por un discurso ideológico que incluye un deslinde con el senderismo del destronado “presidente Gonzalo” (Abimael Guzmán), imponiendo condiciones a los otros actores.

Tiene planteada una guerra que por muchos años ha sido de sobrevivencia ante la derrota de su referente original. Pero luego ha ido construyendo un territorio bajo su control en el que define las reglas.

Que se financia con cupos y exigencias al negocio de la cocaína es un hecho obvio, pero no se trata ni de un cartel que actúa por cuenta propia solo para hacer dinero, ni de un brazo armado subordinado a algún capo de la blanca. Por lo menos nadie ha probado que sea eso.

Los Quispe Palomino vienen buscando hace tiempo demostrar que el Estado, con todo su poder, no puede sacarlos de donde están, con lo cual mantienen la moral de sus fuerzas, obligan a los narcos a tratar con ellos y son la “autoridad” sobre la población, sobre todo ahora que evitan hacerle daño, tras la autocrítica del accionar del Sendero anterior.

El concepto de narcoterrorismo con el que se les quiere definir está lleno de equívocos. Puede serle útil a los que sueñan con un “Plan Colombia” para el Perú, que puede estar detrás de tantas visitas yanquis de alto nivel al Perú en los últimos días.

Pero de la idea de banda de narcotraficantes apoyada por la población del Vraem, a la represión puramente policial-militar indiscriminada hay un paso muy corto. Otro efecto de la confusión es creer que el Sendero de los Quispe Palomino escoge sus blancos sin tomar en cuenta su valor como victorias de combate. Y así vamos sintiendo que esto es una guerra local que el Estado está perdiendo.


    Raúl Wiener

    Raúl Wiener

    POLITIKA

    Analista