Nadie usa el pasaje maldito

El pasaje era de utilidad para todo el barrio desde que, gracias al empuje de ciertos vecinos, la Municipalidad lo había limpiado, le había puesto un piso de cemento, farolitos para las noches e incluso árboles pequeños para darle calidez al lugar. La vecindad estaba muy contenta con el pasaje hasta que a la señorita Cristina se le ocurrió inventar que estaba embrujado porque la tarde del sábado que lo cruzó sintió escalofríos extraños y vomitó como nunca al llegar a casa.

| 10 enero 2013 12:01 AM | Columnistas y Colaboradores | 528 Lecturas
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Lo dijo con tanto convencimiento que sus padres le creyeron y la llevaron a la iglesia para que el cura le echara un poco de agua bendita con la idea de espantar a posibles diablos del cuerpo de su hija. Una señora que escuchó a Cristina tuvo miedo y le dijo a su amiga que “con razón sentí la vez pasada un dolor horrible en el estómago”. La señora de la bodega prohibió a sus tres hijos usar el pasaje y estos les dijeron a sus amiguitos del barrio que ellos no cruzan por ahí porque está embrujado. El más incrédulo del barrio dijo que las palabras de Cristina eran inventos de chibola boba y que esa vaina de los brujos y los diablos no existen salvo en la mente de gente sin cultura y cruzó por el pasaje para probarle a todos que nada malo le pasaría, pero unas horas antes había comido un ají de gallina con harta leche sin darse cuenta y justo después de cruzar el pasaje empezó a dolerle el estómago porque era intolerante a la lactosa. Los vecinos se dieron cuenta del dolor del incrédulo y quisieron cerrar el pasaje con piedras para que ningún incauto tenga problemas. Armaron tal alboroto que prácticamente destrozaron los arreglos del pasaje. Uno de ellos dijo que la culpa era del alcalde y que sería bueno revocarlo por su pacto con los demonios. El alboroto fue tan grande que algunos vecinos propusieron prender fuego al pasaje para matar a los demonios. Entonces Cristina quiso decirles a los vecinos que el pasaje no estaba embrujado y que ella había inventado todo para salvarse del castigo de sus padres por haber bebido cerveza; pero los vecinos no le creyeron e hicieron arder el pasaje para que los demonios se vayan del lugar. Uno de ellos quiso lanzar al fuego a Cristina porque parecía que había conciliado con el diablo.


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