Nadie te hará daño

El miedo hace que Ernesto no duerma bien y durante el día, cuando por ratos se olvida del Gordo, cierra los ojos en cualquier parte. Ocurre que el Gordo le dijo que lo va a matar. La situación fue confusa. La cuestión es que Ernesto le entregó un paquete al Gordo, pero el paquete no estaba completo. Falta mucho. Ahora el Gordo cree equivocadamente que Ernesto le hizo una mala jugada. Pero el de la mala jugada es el Flaco narizón que le pagó a Ernesto para entregarle el paquete al Gordo. El Flaco hizo la mala jugada y se fue a Bogotá y el Gordo quiere matar a Ernesto.

| 22 marzo 2012 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 966 Lecturas
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“Pero, amorcito, dile al Gordo que no has sido tú, que tú solo entregaste el paquete. Tiene que creerte”, le dijo Daniela, su novia. “Ya le dije que no fui yo, aunque por teléfono; pero no me cree. Dice que soy un mentiroso de mierda, que el Flaco le dijo que yo soy un pendejo y que me matará de todas maneras”, contestó Ernesto.

Ernesto cobró mucho dinero al Flaco por entregar el paquete al Gordo, pero ahora se arrepiente porque su vida está en peligro. Como para despistar a los esbirros del Gordo, Ernesto se mudó a un pequeño hotel de San Juan de Lurigancho. Su dos carrazos los ha dejado en el taller de mecánica de su primo en San Juan de Miraflores y no se asoma ya a La Victoria. A sus padres le dijo que viajaría para estudiar, y con Daniela se encuentran en Miraflores solo algunas veces a la semana.

—Tú sabes, Ernesto mi amor, que nunca te pasará nada. Además si te hubiera querido matar en serio hace rato estuvieras muerto. Creo que el Gordo quiere asustarte y a quien le va partir la cara en serio es al Flaco, cuando regrese de Bogotá.

—A veces, pienso eso yo también; pero si el Gordo trata de hacerle algo al Flaco, éste se meterá conmigo. Yo nunca he jugado sucio con nadie y ahora me pasa esto. Si el Gordo solo quiere asustarme lo está logrando.

—Tranquilo, papi.

—¿Sabes? Yo no le tengo miedo a la muerte. Pero no me gustaría morir de un balazo por ahí. Anoche soñé que me enterraban al lado de la tumba de mi abuelo y mi madre lloraba desconsoladamente sin entender las razones de mi muerte. Tengo 27 años y he vivido tantas cosas, amor; pero no me gustaría morir todavía. ¿Sabes por qué?

—¿Por qué, amor?

—Porque no quiero que mi madre sufra al enterarse que he muerto por andar por el mal camino. Quiero salir de esto, mejorar mi vida, estudiar, hacerme un hombre de bien, casarme contigo y morir de viejito después de haber sido el orgullo de mis padres y haber conocido el mundo contigo.

—Eres muy lindo, Ernesto. No te vas morir. Yo estaré aquí para protegerte. Viviremos juntos una larga vida.

(Mañana continuará).


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