Muletillas

En los cinco minutos que duró una entrevista radial a una importante funcionaria pude contar treintaicuatro (34) veces la frase “no es cierto”, pretendiendo con ella validar lo que decía. Claro que por dedicarme a contar la muletilla de marras me privé de atender el fondo del asunto que trataba.

| 14 agosto 2011 12:08 AM | Columnistas y Colaboradores | 2.7k Lecturas
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Una alumna me contaba que en la clase de uno de sus profesores apostaba con una compañera a quién estaba más cerca de cuántos “¿no?” utilizaba durante la hora de dictado: “una vez llegué a contar hasta ciento cuarentaicinco”, me dijo.

En un programa de televisión por cable escucho a un conductor referirse a los objetos o lugares que señala en su recorrido de esta manera: “esto es lo que es la chimenea, acá podemos ver lo que es la escalera y por aquí salimos a lo que es la terraza, y más allá podemos ver lo que es…”. Lo que es yo me aburrí de escucharlo.

Muletillas, bastones, apoyos, palabras o frases parásitas, como quiera que las llamemos, ellas ensucian el hablar y reducen la claridad de nuestro decir. Hay muchas muletillas identificadas: eh, ah, ¿no?, si, este, pues, ¿de acuerdo?, ¿correcto?, entonces (y peor “tonces”), son algunas de las más usadas o conocidas, el asunto está en identificar cuál es la nuestra, ya que, parafraseando a Sofocleto (“todo hombre importante tiene su mosca”), podríamos decir que todo hombre importante tiene su muletilla. Lo cierto es que a mayor frecuencia de uso de muletillas menos claridad conseguiremos en el hablar. Por cierto que hay quienes no pueden articular más de tres palabras sin utilizar una muletilla, pero esos ya son extremos.

Muletillas las hay de todos los tipos. Nos referimos claro está a la repetición innecesaria de una palabra o frase en una intervención oral: conversación, entrevista o exposición, por citar algunas. Estas repeticiones empobrecen el habla y no ayudan ni a la atención ni a entender lo que se dice. Profesores y alumnos, presentadores, entrevistadores y entrevistados, políticos y, en fin, todo aquel que haga uso formal del habla debe empezar a preocuparse por combatir las muletillas, por eliminarlas de su discurso y conseguir así cada vez más una mayor fluidez verbal.

¿Qué debemos hacer entonces? Pues empecemos por identificar las muletillas que utilizamos en nuestra cotidianidad, ya sea grabándonos para escucharnos luego o sirviéndonos de la ayuda de algún familiar o amigo que nos las haga notar. Tenerlas presente será el inicio de su eliminación. Después preocupémonos por aumentar nuestro vocabulario, es decir, por tener más léxico, más palabras con las cuales podamos decir lo que queremos decir, sin vacilar, ni dudar, sin dar la idea de que estamos pensando en cómo decir lo que queremos decir ¿Cómo enriquecer nuestro vocabulario? Leyendo. Es importante leer y leer mucho, también permite enriquecer nuestro léxico el asistir a charlas, exposiciones o el mantener conversaciones con gente de buen hablar. La emulación es buena cuando de quien copiamos es alguien que lo hace bien, en este caso, de alguien que no usa muletillas.


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Jaime Lértora

¡Habla Jaime!

Columnista

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