Momento cero

Todo acto de comunicación en público: charla, mensaje, exposición, seminario, negociación, informe, conferencia de prensa, etcétera, requiere de preparación, de tener claro lo que se quiere decir. No prepararse o prepararse poco hará que nuestro propósito no resulte tan efectivo como hubiéramos deseado. Esta fase de preparación debe considerarse un axioma (proposición tan clara y evidente que se admite sin necesidad de demostración).

| 01 abril 2012 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 901 Lecturas
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Con nuestro propósito de comunicación debidamente estructurado y ensayado nos disponemos entonces a su presentación ante el auditorio y aquí aparece la oportunidad de manejar a nuestro favor el llamado momento cero.

Llamaremos así al tiempo que ocupamos en disponer el cuerpo y la voz antes de hablar. Disponerse es “colocar, poner algo en orden y situación conveniente”. Colocarnos a conciencia, es decir darnos cuenta de lo que hacemos y para qué lo hacemos. De hecho es algo que hacemos instintivamente, pruebe si no esta experiencia: estando en una reunión en mesa de trabajo invite a alguno de los presentes a expresar su opinión y verá cómo lo primero que hace el señalado es acomodarse en la silla y a la mesa. Ese es su momento cero, solo que lo común es que lo haga sin darse cuenta, es decir, instintivamente. Veamos cuán provechoso puede significar para nosotros y para lo que vayamos a decir utilizar este momento y también su tiempo.

Es común escuchar a quienes tienen que hablar en público que lo que más difícil les resulta es el inicio, esos primeros minutos que a veces se hacen eternos y refieren también que, poco a poco, conforme avanza la exposición se van sintiendo más cómodos, más seguros. Quizás usted se haya visto en una situación como ésta. La conciencia del momento cero vendrá en su ayuda.

A muchos les pasa que cuando han sido invitados a alguna reunión social, al llegar acompañados de su pareja, se detienen en la entrada antes de llamar para revisarse y corregir la vestimenta, el peinado o la postura. Es igual cuando se habla en público, antes de salir nos preparamos para que nos vean, cuidando de nuestra vestimenta, de nuestra expresión para vernos más dispuestos.

Nos disponemos entonces como lo hacen los actores entre cajas (esos espacios limitados por cortinajes a ambos lados del escenario), a ingresar a escena, a mostrarnos, a que nos vean y a dar lo mejor de nosotros, a decir lo que hemos preparado. La diferencia con los actores es que nosotros sí podemos mirar al público y lo debemos hacer antes de hablar como un paso 1, después del momento cero, aquí nos apropiamos del lugar, nos paramos a la vez que establecemos el estar ahí de pie o sentado ante el auditorio, mirándolos a algunos si son muchos o a todos si son pocos, y entonces, recién entonces, empezamos a hablar, este es el paso 2.

Revisemos entonces lo andado: momento cero para disponernos, paso 1 para apropiarnos del lugar, paso 2 empezar a hablar, con voz fuerte y clara, esas primeras palabras ensayadas en la fase de preparación.

Finalmente el paso 3, el de disponernos a salir, a terminar. Aquí realizamos el proceso inverso, es decir, terminamos de hablar, miramos y después, recién después, salimos, nos vamos o regresamos a nuestra postura anterior si es que estamos sentados. Aplicar estos pasos mejorará el resultado de nuestras intervenciones.


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Jaime Lértora

¡Habla Jaime!

Columnista