Molestos con las encuestas

¿Por qué al Sí le disgusta tanto que una encuestadora presente un estrechamiento de las cifras de la revocatoria entre las dos opciones y haya decidido salir a desmentirla con excesos del tipo Patricia Juárez que aseguró que la alcaldesa, o el fantasma llamado Favre, le habían pagado por sus resultados sin acreditar una sola prueba de lo que estaba diciendo, y de Nidia Vílchez que afirma que ya conocemos a los de Datum y lo que están buscando?

| 20 febrero 2013 12:02 AM | Columnistas y Colaboradores | 674 Lecturas
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Meses de meses con todas las encuestas en contra, incluidas las de Datum, han acostumbrado a Susana Villarán a contestar que son situaciones del momento y que no vive pendiente de esas cifras y otras fórmulas más o menos conocidas para estos casos. ¿Por qué los revocadores no pueden admitir, con alguna frase de circunstancia, el movimiento natural de las tendencias y añadir que aún quedan más de veinte días para saber quién es el que gana?

La razón cae de su peso. Y es que toda la historia de la revocatoria y de por qué vamos a ir a votar el 17 de marzo para saber si la ciudad destituye a una mujer que cualquiera sabe que es honrada, bienintencionada y que está haciendo lo que cree mejor para Lima, se fundamenta en que hay una mayoría capitalina que no la quiere y que prefiere a otro que se supone haría más obras y estaría más dispuesto a transar con los grupos de interés que se benefician con el desorden de la ciudad.

Las encuestas establecieron esa correlación desde el 2011 y permitieron a un grupo marginal asumir una fingida representación de ese sentimiento difuso. En otras palabras primero fueron los números que aseguraban que había descontento y después las supuestas razones para revocar. Así dijeron que la alcaldesa no trabaja, no hace obra, las hace mal y se caen, no continúa lo de Castañeda, solo continúa lo que dejó, etc. Podían decir cualquier cosa porque lo que estaban haciendo era traducir las encuestas.

Por eso cuando el APRA entra a la revocatoria oficialmente asegura que lo hace porque está recogiendo un estado de ánimo popular. La prueba: las encuestas que colocaban al Sí sobre el 60% y a Susana debajo de 40%, que aunque fueran valores muy similares a las de la elección (que fue por mayoría relativa), se presentaban como si fueran evidencia de alguna urgencia para sacar a la alcaldesa del medio.

Entonces ¿qué pasa cuando las estadísticas se sinceran, los que contestan van madurando su decisión y ya no siguen el sentido de la corriente, y las campañas empiezan a funcionar? Lo que ocurre es que los revocadores sienten que se les cae el soporte de toda la operación política. Y se desesperan. Las encuestas los están traicionando. Y eso no puede ser.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista