Mirando la crisis por el túnel del tiempo

Ojeando los archivos principalmente de la prensa estadounidense y europea sobre la tempestad monetaria de los años 1991 y 1992 he tenido la sensación de estar haciendo un breve viaje por el túnel del tiempo: en esos años del siglo XX los rapsodas del neoliberalismo argumentaban que la crisis era resultado de que no se había cumplido con el dogma a profundidad, con la absoluta liberalización y desregulación del mercado.

| 09 febrero 2009 12:02 AM | Columnistas y Colaboradores | 576 Lecturas
576

Es decir, según esos cruzados del neoliberalismo, la receta ideal y perfecta era la que había ejecutado la señora Margaret Thatcher en 1979 y su más fiel discípulo, Ronald Reagan: “guerra contra el intervencionismo del Estado, política monetaria a ultranza, absoluta prioridad antiinflancionista, sustitución de la política por el mercado, autogenesia social”, como escribió en esos días en el madrileño “El País” Joaquín Estefanía en una crónica titulada “¿Necrológica del liberalismo real?”.

En 1992, igual que en el 2009, los gurús de la economía mundial hablaban de que la crisis era mucho más compleja que la Gran Depresión del 29 y por lo tanto de consecuencias más graves y severas provocando millones de desocupados, aumentado aún más la brecha de la desigualdad social y económica, mayor endeudamiento, cerrado proteccionismo, especulación, volatilidad de la moneda y devaluaciones.

Como ahora, pese al discurso cínico de los ayatolas del “libre mercado”, Keynes fue desenterrado de su sarcófago y sus ideas sobre el Estado tuvieron que ser convertidas en las tablas de salvación del sistema. Sino veamos cuáles fueron las principales medidas de los gobiernos en 1992.

El Partido Liberal Japonés aprobó un fondo de 87 mil millones para la construcción de obras públicas y para dotar de estímulos al sistema crediticio. En el Reino Unido, John Mayor, provocó la pataleta de la señora Thatcher anunciando cuantiosos fondos para la inversión pública que, de un modo directo, era una abolición de la dictadura antiinflacionista. Y tal como nos recuerda Estefanía, Bill Clinton en su conferencia de prensa como nuevo presidente de Estados Unidos estableció tres prioridades para su administración: creación de puestos de trabajo, incentivos fiscales a los empresarios y proyectos de inversión pública en infraestructura, salud y educación.

Pero los dueños del sistema parecen no aprender la lección. En la cumbre de Davos han ratificado su fe ciega en el modelo neoliberal que es una gran fábrica de pobres, de injusticia y de destrucción del planeta. Porque como escribió Octavio Paz: “El mercado es un mecanismo eficaz, pero, como todos los mecanismos, no tiene conciencia y tampoco misericordia”.

Loading...



...

Róger Rumrrill

En el ojo de la tormenta