Mirando el aula

Estamos siempre comunicando, no hay manera de no comunicar. Sin darnos cuenta, sin proponérnoslo, enviamos señales positivas o negativas a los demás. Los maestros no son una excepción y ellos debieran ser cada vez más conscientes de sus formas de comunicar, tanto de lo que dicen como de cómo lo dicen y de qué señales mandan a sus alumnos cuando no están verbalizando, es decir, cuando no están diciendo.

Por Diario La Primera | 30 set 2012 |    

Ser maestro es ser comunicador. Una fuerte vocación es el requisito indispensable para ser enseñante. Esta vocación de maestro-comunicador se pone en práctica todos los días y en todos los encuentros entre maestro y alumno. El aula-clase es el lugar principal, ordenado y obligado de esos encuentros. En el aula-clase los maestros deben cuidar al máximo de su comunicación. Hablaré aquí de mirar y de reconocer al alumno y de la importancia que este ejercicio tiene para su desarrollo.

Mirar para conocer, mirar para descubrir. El maestro, como tarea urgente, debe empezar por conocer a sus alumnos. Conocer y aprenderse sus nombres, de donde vienen, quiénes son sus padres, cómo son sus hogares, sus familias, cuáles son sus gustos, sus habilidades, sus sueños, sus problemas, en suma indagar por el ejercicio de sus vidas. Debe empezar a hacerlo desde el primer día de clase. Pero también debe continuar haciéndolo todos los días, ya que los niños, al igual que nosotros pero con mucho más intensidad varían sus emociones. Ellos no son los mismos hoy de lo que fueron ayer r ni de lo que serán mañana. Ni siquiera son los mismos de la primera hora del día al mediodía y a la hora de salida, ellos cambian permanentemente.

Conocidos los nombres el maestro debe comunicar mirando primero y hablando después, en ese orden, Es decir haciendo contacto visual primero, reconociendo, estableciendo un puente, un vínculo con el alumno. El ejercicio de la mirada sostenida, cálida, amable, a todos los alumnos por igual en todas las interacciones, no sólo es una manera de conseguir su atención sino que significa que el maestro está dándole importancia a los alumnos al reconocerlos, al decirles que sabe que están presentes y que para él es de verdad importante que estén allí sentaditos escuchándolo.

Hablar mirando a los ojos a los alumnos es mejor que hablar mirando al techo, a la puerta, al suelo o a la pizarra. Hablándole a los ojos a los alumnos, el maestro logra tender un puente de intereses por donde pasaran cómodamente conocimientos y afectos, haciendo la relación maestro – alumno, atenta, hermosa y duradera.

En el supuesto deseado de que tengamos un significativo número de maestros con gran vocación por la enseñanza, entonces me permito sugerir que el ejercicio de mirar primero y hablar después sea considerado como propósito medible bimestre a bimestre, y que sea trabajado por todos ellos durante todo el período de la escolaridad, ya que, estoy firmemente convencido, de que los alumnos así tratados aprenderán a partir del ejemplo, y de seguro para toda su vida, que en nuestro país nadie debe ser invisible y que todos merecemos ser reconocidos, como en el aula.

Referencia
Mirando el aula

    Jaime Lértora

    Jaime Lértora

    ¡Habla Jaime!

    Columnista