Ministro busca peritos

El ministro que mintió de muchas maneras para justificar los cambios de prisión de Antauro Humala; que volvió a hacerlo cuando aseguró que moralizaría los Registros Públicos y dejó las cosas como estaban, y que, en un sentido más genérico, se desmintió a sí mismo como crítico del fuero militar para juzgar casos de violación de derechos humanos, para convertirse luego en el que sustenta ante la Corte Interamericana que el caso Chavín de Huántar haya sido visto por tribunales militares; ese ministro, digo, está otra vez desafiando la lógica en su búsqueda desesperada de “peritos” que relean las autopsias y le digan que el emerretista Tito no fue ejecutado, como señalaron los testigos, sino que murió en combate.

| 27 junio 2012 12:06 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.3k Lecturas
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Afirma que hace eso no para defender a Montesinos, Hermoza, Huamán Azcurra y Zamudio Aliaga, únicos procesados por el crimen, sino en aras de la verdad, porque si los acusados son condenados el caso podría reabrirse para los comandos, que son héroes y no deben ser molestados. Y a esto, que a toda luz es una operación política, el ministro Jiménez le llama: “búsqueda de la verdad”.

Debe ser el ministro más preparado de un gabinete que lleva la marca Valdés, con todo lo que eso significa. Pero su versación jurídica no parece ser la que dicta su actuación política.

La idea de la santificación de los comandos de Chavín de Huántar, cuando se trataba de oficiales seleccionados por Montesinos y de alta lealtad al gobierno de Fujimori, dirigidos por el general Williams que estuvo implicado en el caso Accomarca, responde al criterio de mantener esta operación por encima de cualquier sospecha de contaminación con los métodos de la dictadura y el SIN para que pueda ser bandera de identidad para los oficiales jóvenes. Pero esto no era posible.

Sin rebajar para nada el valor de los combatientes que participaron de la acción de armas, la verdad histórica es que éste fue un plan diseñado por el Servicio de Inteligencia y coordinado en su ejecución.

Esto lo he escrito varias veces. Pero entonces aparece Jiménez, y como si me estuviera otorgando la razón, desarrolla la tesis de que un juicio a Montesinos rebotará, de una forma u otra, sobre los que intervinieron en el rescate.

Por esto tenemos ahora un ministro que afirma que cuando saca la cara por el exasesor, el otrora general victorioso y los agentes Huamán y Zamudio, lo está haciendo defendiendo el interés del Estado.

¿De qué Estado? Nada menos que el de Fujimori-Montesinos que estaba en su apogeo entre 1996 y 1997, tanto que se permitió burlar a otros gobiernos haciéndolos parte de una negociación con los secuestradores, que era una farsa para ganar tiempo para la intervención.

El ministro Jiménez estaba, antes de ponerse el fajín, en el discurso de los derechos humanos con el que se asoció al exministro Francisco Eguiguren, quien dejó el cargo porque no se hubiera prestado a las volteretas de su sucesor. La discusión de los peritos apunta a una sola cosa: a llevar a los jueces a la duda sobre lo que realmente ocurrió. Es lo máximo que pueden lograr, para salvar a los cuatro angelitos que se encuentran enjuiciados. Pero si lo logran tal vez se convierta en el responsable de la última victoria fujimorista. Aplausos.

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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista