Miénteme

¡Mírame a los ojos y repite lo que me has dicho!

Y el que está mintiendo no puede sostener la mirada de su interlocutor. Y es que la mirada no miente.

Por Diario La Primera | 29 ago 2010 |    

Bueno, en realidad no es que la mirada mienta o no mienta, lo que en realidad sucede es que la mirada junto con la boca, la nariz, en suma lo que se denomina el lenguaje del rostro, expresa a través de miles de pequeñísimas señales nuestros más íntimos sentimientos, lo que de veras sentimos y no podemos o no queremos expresar. Lo que no queremos que los demás perciban termina siéndoles mostrado aún en contra de nuestra voluntad.

Cuando por medio de aprendizaje intensivo se logra controlar y manejar esta gestualidad se puede alcanzar grados superiores en el acto de mentir. Se dice que los actores llevan una buena ventaja en este ejercicio. Lo cierto es que, quizás con alguna ventaja de los actores sobre los demás, a todos los mortales se nos termina notando cuando no estamos hablando con la verdad. O debería poder notársenos sobre todo si tenemos al frente a un observador entrenado. Alguien que supiera leer lo que dice nuestro rostro, que conociese la sintaxis y las reglas que tiene este lenguaje.

Los niños cuando dicen una mentirita, no bien terminan de decirla y al instante se tapan la boca con ambas manos ¿Lo hemos visto, verdad? Los adultos cuando mienten, la mayoría de las veces quitan la mirada, o se tapan la boca con una mano, o se rascan la nariz, los cabellos, los brazos, y un largo etcétera de gestos acusadores.

Diversos estudios señalan que el ejercicio de la mentira va acompañado de la activación de ciertas sustancias químicas algunas de las cuales producen picazón alrededor de la boca y la nariz. Recordemos al bueno de Pinocho, el del cuento, el muñeco de madera que por mentiroso le crece la nariz.

El lenguaje del rostro está formado por miles de gestos. Grandes y pequeños gestos que constituyen en conjunto un complejo sistema de comunicación no verbal que al manifestarse hace casi imposible que no se note nuestra intención de mentir. Siempre hay pequeñísimos y muy sutiles gestos que terminan por delatar la mentira.

Cuando le decimos a alguien: ¡Vete! ¡No quiero verte más! mientras que nuestros ojos y el rostro entero están implorando que no se vaya esa persona, estamos viendo en este ejemplo en forma clara la contradicción entre las palabras orales y los gestos de nuestro rostro.

En esto del lenguaje del rostro, que es parte del lenguaje no verbal, tenemos mucho por aprender, por investigar, por empezar a darnos cuenta. Podemos empezar a descubrirlo ahora mismo prestando verdadera atención a nuestros interlocutores ya sea en casa, en el trabajo, en los negocios, en la movilidad. Allí donde haya personas hay comunicación y aprender a observarla nos ayudará a desarrollar la habilidad de reconocer cuánto hay de verdad y cuánto de mentira en aquellos con los que nos comunicamos.

Referencia
Miénteme

    Jaime Lértora

    Jaime Lértora

    ¡Habla Jaime!

    Columnista